De modo que aquí va, un burdo copy/paste de todo lo que hemos dicho hasta ahora (menos mal que no era mucho...)
______________________________________________________________
Martes, 24 Abril 2007 13:34
Noticias... buenas
A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed:Que Ludwig se ha desintoxicado de sus últimos y apesadumbradores males y que está, al menos aparentemente, de vuelta en el carril.
Decidí el domingo pasado –un domingo de mayo en abril: una gloria de día, en verdad: ¡qué sol! ¡qué alegría!- mientras paseaba con mi perro por los montes madrileños, que esta vida un tanto desordenada que se me había impuesto aprovechando una bajada de mis defensas vitales, de mi ánimo invernal –que es , ya lo sabéis, tradicionalmente bajo, por el gris, que me afecta- y de mi supino exceso de trabajo desde que volviera de tierras nubias, tenía que acabarse. Que Ludwig es más fuerte que todo eso y que ya estaba bien de niñerías y bobadas, que la vida es muy corta como para andarse perdiendo cosas.
Solución: Ludwig ha vuelto al gimnasio –lo había abandonado últimamente: ahora muero de agujetas-; ha decidido ponerse (sólo un poquito) a dieta, para acompañar la acción del gimnasio, unas semanas; se compró ayer, día del libro, una edición estupenda de Los Gozos y las Sombras, del amigo Ballester, que es una maravilla que leer en la playa –la semana que viene me voy unos días a despanzurrarme al sol- y las obras completas de Chopin –compra compulsiva, porque yo lo valgo, que ya tenía casi todas las obras, pero esta viene con unos veinte CDs adicionales con grabaciones históricas de 1928 a 1976, entre ellas alguna del amigo Rachmaninov intuitu personae… es estupenda, estupenda-; ha vuelto a practicar yoga antes de acostarme, por lo que vuelve a dormir bien; y ha comprado un montón de óleos nuevos para seguir pintando, además de algunas arenas para texturas: veréis qué bien…
Tengo trabajo. Mucho… pero Miliki diría que no le importa, porque lleva torta y… decidme: ¿quién soy yo para contradecir a Miliki? Ya vendrán tiempos mejores. Aunque ahora lleve tiempo en un pico de trabajo, en realidad vivo bien y mi trabajo me gusta. Además, mi jefe me ha propuesto para una doble promoción este año y, claro: con el nuevo cargo vienen muchas ventajas –económicas, principalmente, pero también laborales, y de tiempo-
Tengo proyectos, de nuevo. Y viajes en mente. Totalmente organizado mi viaje a Sicilia en julio, estoy pensando en otro par de viajecitos europeos después del verano. Por lo pronto, ahora, el viernes, después del concierto de Les Luthiers (sí, sí: ¡conseguí entradas!) me voy a descansar unos días al sol. A leer, a pasear y a comer pescado fresco.
Tutto di nuovo sotto controllo… Ci sto… e, signori: ci rimango
Cuidaos. Cuidaos mucho, que sois el futuro. Nos seguiremos viendo, claro. Y de nuevo, espero, más a menudo.
L.
__________________________________________
Viernes, 23 Marzo 2007 20:34
Del viaje de Ludwig...
No sé qué es, últimamente: qué es lo que se ha apoderado de mí. Me cuesta entenderlo, porque es como una bestia gris que muerde en la zona en la que me habita todo lo que soy. Un animal del que no puedo desprenderme; del que no quiero, quizás, tampoco, deshacerme del todo, en un ataque furibundo de automutilación que, absurdamente, a veces, se me antoja necesaria: un camino, quizás, hacia... hacia... ¿qué sé yo, aquí sentado? Yo miro a mi alrededor, cuando mi otrora adorado silencio deviene atronador, a las cosas que siempre me recuerdan, aún hoy, que todo esto merece, como siempre, la pena; cierro los ojos y me doy cuenta de que todo –yo- sigue –sigo- aquí, pero... como dentro de un letargo, de una vaina extraña que no termina de abrirse para dejarme ver...Vuelve Ludwig cuando abre la ventana y es la hora de las sombras largas –su favorita-; vuelve cuando suenan los viejos conciertos para piano de un Mendelssohn adorado y polvoriento; vuelve cuando redescubre el repiqueteo de las teclas de la vieja Adler y surgen, poco a poco, garrapateadas, las líneas; vuelve cuando la piel se encoje en el frío al salir de la ducha caliente, y cuando surge la imagen sobre el papel fotográfico, como por arte de magia... pero luego, rápido, raudo, se me va... se me va y se lleva consigo la quietud, los cinco sentidos, los poros abiertos, la sístole... ¿Dónde va? ¿Dónde se queda?...Nescio... sed sentio fieri et... excrucior...
Ludwig es feliz. Es, precisamente, lo único que es... el motivo que mantiene al Agilulfo que hay en él con vida... Yo, ahora, aquí, no estoy seguro de ser feliz. Y no soy, ergo, Ludwig hoy.
Recupero, sí, la fe, cuando una amiga lejana cuya voz apenas imagino me descubre algo nuevo –mi mancherai... qué bello, Pé. Mil gracias- Cuando descubro un nuevo motivo en el interlineado de un poema de los Huesos de Sepia de Montale, o en la nota de algo que, hasta ahora, nunca había escuchado –o que había escuchado, sencillamente, con otros oídos-. Esta es la fe a la que me aferro para creer que Ludwig, el que sólo es, volverá, en su armadura esplendorosa, a salvarme de este estúpido Gurdulú en el que, a veces, me convierto.
Necesito creer que Ludwig es real. Se me desvanece, os lo aseguro... y sin él, yo... sencillamente no estoy muy seguro de saber quién es el que os escribe desde este pupitre.
Menuhin, Kempff, Richter... Gabo, Calvino, Lorca… Montale, Alberti… me susurran, a veces, recordándome quién era...
Rezo. Para que no sea un espejismo; para que haya valido para algo más que para alejarme. Para que, pasada la tormenta, los versos de Schiller vuelvan a tener un significado y pueda volver a gritarlos al aire...
Mientras, me asomo a la ventana y, justo en este momento, cuando la luz rojiza anuncia el cambio de turno, suena la Pavana y veo, allí a lo lejos, la sombra inconfundible de Ludwig: chaqueta, bufanda y pipa. Si va, o viene, no os lo sabría decir: no lo veo desde aquí...
Vosotros, no os preocupéis mucho. Cuidaos, eso sí... cuidaos mucho, que sois el futuro.
_____________________________________________________________
Miércoles, 14 Marzo 2007 20:45
Amigos, Jazz... y humo
Un amigo... dos amigos... tres amigos, si cuento con una inesperada [e inequívoca] demostración de amistad, hicieron del pasado fin de semana algo bastante grande. Grande porque, aunque pasé mucho tiempo reencontrándome con una parte de mí que estaba hibernando por la falta de sol, gocé de muchos momenos de... de... de compañía, en el más amplio sentido de la palabra –compañía, incluidos los aspectos espirituales del término, vamos-Cené con un consagrado amigo el viernes, en un plan un tanto improvisado que, como suele ocurrir en estas ocasiones, pasó de la excelencia. ¿Lo singular, tieniendo en cuenta que es un amigo al que veo frecuentemente? Que me escuchó. Que reconoció mi necesidad –tácita... en mí siempre es tácita esta necesidad, cuando existe- de ser, por una vez, el escuchado. Hubo, además, comprensión –lo cual ya trasciende lo habitual insospechadamente- alcohol [el justo y necesario, en forma de vino, primero, y de tonic&gin después], algo de humo y una noche nada fría, que hizo las delicias del lado nocturno de vuestro Ludwig favorito.
El sábado consistió en un día de “automimo”, en el que me consentí una serie de caprichos –todos, como casi siempre, de entre las cosas más sencillas accesibles al hombre, que son, en realidad, las mejores- Paseo por el sol de mañana temprano, té, unos libros –versos de Catulo, ¡qué divertidos!, y algún otro que me reservo- un lapicero y mi cuaderno hasta que, casi por sorpresa [digo “casi” porque, quizás, era de esperar], una vieja amiga me llamó para invitarme a comer a su casa que, por avatares de esta vida loca, está apenas a un par de manzanas de donde yo me encontraba. Acepté, encantado, y quedamos en vernosun par de horas después.
Cuando llegué, casi a mesa puesta, y ante mi maravilla por lo que ante mí se desplegaba, confesó haberme llamado desde una tienda en la que compró, una vez hube confirmado mi asietencia, todas las cosas que sabe que adoro comer. Todas en la mesa [opíparo, sí, y delicioso] y con mi vino favorito. Cuando le pregunté por qué se había tomado esa molestia me dijo, muy castizamente: ¡coño! Porque te quiero, y... para una vez que nos vemos.... Ante esto, señores: sin comentarios (snif).
También esta amiga mía me escuchó el sábado. Me prestó, no ya atención, sino aliento. Y, para cerrar el círculo –como decía mi ex- aportó soluciones. ¿Insólito? No... supongo que esto, entre amigos, es hasta normal. Me llamó el lunes, el martes y, de nuevo, me ha llamado hoy, para ver cómo estoy y para recordarme algunas de las cosas de las que hablamos el sábado.
Después de la comida corrió el pacharán. Después del pacharán, el chocolate. Un cine, una pipa, más risas y a cenar, de vuelta en casa. Justo lo que necesitaba: un día de complicidad. Un día con un amigo.
Lo demás, las otras cosas, me las guardo para mí... que hay cosas que no se deben prostituir contándolas por escrito –esto también lo aprendí hace poco-
El domingo corrí por el campo con un perro, bajo el sol... Más Ludwig.
Ya estoy mejor... mucho mejor. Hoy Tyrell no me parece triste. Y ayer leí a Montale y no lloré al leer aquello de “[...] il tuo aspetto s’insinua nella mia memoria grigia / schietto come la cima d’una giovinetta palma...”
Sí... sí... ya estoy mejor. Vosotros, en lo que os toca, cuidaos mucho, que sois el futuro.
______________________________________________________________
Domingo, 4 Marzo 2007 10:38
Más de lo mismo.. y Rilke
Ya sabéis, la mayoría, que además de un melómano algo enfermo, soy un operamaníaco como los hay pocos sueltos por la calle sin camisa de fuerza. Noblesse oblige, mes amis..., ¡cuánto más si todo lo que me rodea enloquece con el cuarto centenario de la creación de este género musical!El viernes tarde-noche me dediqué a ver lo que los macarras yankees denominan el CavPag: ossia, la Cavalleria Rusticana y los Pagliacci, en sesión doble televisiva, en directo, desde el Teatro Real de Madrid [qué maravillosa es La2, de Televisión Española, dicho sea de paso]
Fue un atracón que dio gloria, porque, aunque el director de escena, GianCarlo del Monaco [hijo, por cierto, del gran tenor Mario del Monaco] hizo un montaje un tanto inusual, en plan canteras de mármol y el prólogo de Pagliacci precediendo a la Cavalleria, debo decir que me encantó. Espléndida la Santuzza [una maravilla] y, ¡en escena desde el principio!, ¡desde el O Lola ch’ai di latti la cammisa!... No tan fino el Turiddu, pero suficiente... y ¡los Pagliacci!: María Bayo en su máximo esplendor: ¡qué Nedda!... El Vestí la Giubba que, me pareció, empezó sin mucho fuelle, terminó por conmoverme [si es que es de mis favoritas...¡ay!]
Prometía controlarme un poco –porque el otro día, en un acto de disposición patrimonial que bien podría calificarse de pura prodigalidad, considerando el desmesurado tamaño de mi fonoteca, me gasté un pastizal en una edición limitada y numerada del Orfeo de Monteverdi-, pero ¡claro!, ahora me viene ElPais y me vende una Traviata de la Callas antes de quedarse afónica y convertise en verdulera ¡por un euro! Sississí: ¡1€!: ¡más barato que un café! Y, claro... Ludwig ha sumado la décima Traviata de la fonoteca [ya tenía una de la Callas, pero en LaScala y con Kraus –ésta es con Francesco Albanese-] Un derroche, quizás... pero difícilmente puede calificarse un euro de derroche, ¿no créeis? Prometo no hacer el resto de la colección de la que esta Traviata no es más que el primer volumen [ya tengo todos los títulos de la colección, que si no...]
Por lo demás, entre canto y canto, no me quejo mucho. He decidido dejar de quejarme. Al fin y al cabo no vale de nada: es como clamar en el desierto o, como decía mi abuela, como lavarle la cara a un burro.
Ayer pasé una tarde de café vienés, pipa y Alexsandr Solzhenitsyn en el Ritz, tranquilamente y en silencio –aunque ayer, en concreto, el pianista del Ritz estuvo demasiado presente para mi gusto, y demasiado apegado a Sinatra- Fue una buena velada que no acabó como yo hubiera preferido pero... bueno: me voy acostumbrando [por la cuenta que me trae] y, además de que juré, hace ya años, no volver a enfadarme, acabo de prometer que voy a dejar de quejarme.
Empiezo, eso sí, a tomarme al pie de la letra aquello que le escribió Rilke al joven poeta [Franz Xaver Kappus] –por cierto: recomiendo la lectura de este libro a la gente con el alma grande- y, de hecho, se está convirtiendo casi en un motto vital, algo tántrico, incluso, que acabaré por reproducir y colgar de mi pared, para que no se me olvide:
“[...] por eso, mi querido amigo, ame su soledad, y aguante el dolor que le causa, con queja de hermoso son. Pues los que están cerca de usted, están lejos, dice usted, y eso muestra que ya empieza a hacerse una lejanía en torno suyo. Y si su cercanía está lejos, entonces su espacio ya está bajo las estrellas y es muy grande; alégrese de su crecimiento, en el que no podría hacer tomar parte a nadie, y sea bondadoso con los que se quedan atrás, y esté seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarse con las dudas, y sin asustarles con su confianza, ni con la alegía que ellos no podrían comprender. Busque usted con ellos alguna comunidad sencilla y fiel, que no se deba alterar necesariamente al hacerse usted mismo cada vez más distinto: ame usted en ellos la vida en una forma extraña, y tenga indulgencia con los hombres que envejecen, que temen la soledad en la que usted tiene confianza [...]”
En fin: como diría mi gran amigo húngaro: ennek meg kell lenni... muszei Yo sigo aquí... y se ha acabado el segundo acto de la ópera: voy a cambiar el disco.
Vosotros cuidaos mucho, que sois el futuro.
_________________________________________________________
Jueves, 1 Marzo 2007 23:45
Água mole em pedra dura...
Suelo decir a mis amigos con frecuencia que hay dos tipos de personas: (i) las que generan estrés; y (ii) las que absorben estrés. Esto, que es una verdad empíricamente comprobada, es perfectamente extrapolable a casi todas las cosas y, si bien algunos me tacharán de maniqueísta, no puedo sino contestar que son naranjas de la China y, ¡pardiez! reivindicar la validez de esta tesis...Veamos, por ejemplo, otra manera de verlo:
Del mismo modo que antes, en el mundo hay dos tipos de personas: (i) aquéllas que los demás perciben como fuertes; y (ii) aquéllas que no son percibidas como fuertes. Cierto, cierto: hay subtipos, como por ejemplo, dentro de la segunda categoría, aquéllas que se presentan como débiles, frente a aquéllas que, sencillamente, no parecen especialmente fuertes.
Pero bueno: a lo que voy... El caso es que, cuando se pertenece a la primera categoría –cuando se es una persona que los demás perciben como fuerte- se reciben innumerables llamadas de socorro, quejas, llantos, peticiones de favores. A menudo lo llaman a uno para quejarse, o para pedir consejo o, sencillamente, para contar su vida y tratar de buscar un punto de apoyo, siquiera sea mayéutico, en esta vida tan caótica que llevamos todos.
Lo curioso es que nunca –y reitero- nunca, cuando se es una persona que los demás perciben como fuerte- se recibe una llamada preguntando, sencillamente, “¿qué tal?”. Del mismo modo, nunca se escucha una voz amiga que llame y diga, llanamente, y precediendo a un largo silencio: “cuéntame. Dime cómo te va, si hay algo que te aflige... y esto, supongo, porque las personas de mi primera categoría, no parecen necesitarlo nunca: ellos son fuertes, al fin y al cabo...¿o no?
Pues sirva este manifiesto para decir que no siempre es oro lo que reluce, amigos míos. No os descubro nada si os digo que a nadie le van siempre bien las cosas... y es que, incluso para aquéllos que normalmente sonríen desde un obstinado optimismo; incluso para aquéllos que son el báculo, o el confesor, de los que los rodean, las cosas, a veces, pesan demasiado y... ¿sabéis una cosa? Es mucho más duro, en estos casos, porque, no sé muy bien si por maniqueísmo o por un tristérrimo egoísmo –y me inclino más bien por esto segundo- a la gente de la primera categoría, nunca nadie está dispuesto a presarle un oído, un hombro o una mesa tendida.
De hecho: iré más allá, aquí, ahora que me canta Ruth Cameron aquello de “Something Cool”... cuando una persona de la primera categoría entona el Soccorso y pide ayuda, siempre hay una banalidad de los demás que es más urgente: una llamada, unos zapatos, un queseyó cualquiera es más importante porque... al fin y al cabo, las personas de la primera categoría saben cuidarse solos... ¿o no?
Pues quizás no... y es que llega un día en el que ocurre algo trágico, claro... la personita de la primera categoría, que es percibida como fuerte por el mero hecho de ser generosa de un modo que hoy en día sólo podría categorizarse de in extremis, prestando su oído y consejo en todo momento [incluso en los malos momentos] sin pedir nunca que lo correspondan, se harta. Ocurre algo trágico, digo, porque creo firmemente que darse es lo único que merece la pena de esta vida, y el hartazgo de mi pseudofuerte personita trae como consecuencia inevitable que deje de ser generosa.
Troppo tardi, amici... que ya entonces el mundo es más pobre y más llanura sin compás. El chacun pour soi descarnado y egoísta que es triste paradigma de hoy triunfa y... como diría Cela [QEPD], ¡a tomar por culo!
Por mi parte, mi vino, mi pipa y Silje Neergard cantando “Everytime we say goodbye”... Hay cosas que no cambian y, a mí, mientras huela a hierba fresca...
Cuidaos mucho -sobre todo los que, pudiendo entender, entienden- que sois –incluso los que no- el futuro.
__________________________________________________________
Domingo, 25 Febrero 2007 23:27
Cuento. ¿Cuentan?
Hay en castellano un verbo –de entre todos los que tenemos, [miles]- que llama poderosamente mi atención. Y es que la RAE atribuye nada menos que doce acepciones al verbo contar, de entre las que probablemente la menos utilizada sea la más literal, y la primera de la académica lista, a saber: numerar o computar las cosas considerándolas como unidades homogéneas.
Personalmente, prefiero la acepción cuarta: poner a alguien en el número, clase u opinión que le corresponde; como cuando decimos “Lanzarote se contaba entre los más leales a Arturo”. Me hace sonreír, después, la quinta: cumplir años, y me gustan la octava y la novena: importar, ser de consideración, y tener en cuenta a alguien , respectivamente.
Es un bravo verbo, de ésos que admiten preposiciones, como los torturadores –para la mayoría, al menos- phrasal verbs ingleses, que a tantos se les resisten. Se puede decir contar con, y contar para [aunque discrepo del uso que hace la Academia de este último en su ejemplo], y tiene, además, muchas acepciones coloquiales...
Perdón...
Supongo que a muchos les puede parecer algo abrumadora la lección de semántica de esta noche, pero claro, como siempre, todo tiene su razón. Y es que hoy, mientras preparaba unas fresas para confitarlas [la mitad] y echarlas en leche [la otra mitad], cuchillo en mano, me ha dado, como siempre que me encierro en mi cocina [y es casi a diario] por reflexionar.
Rápidamente me ha venido a la cabeza el verbito en cuestión, mientras pensaba en una nueva lección aprendida últimamente. Y es que me ha surgido un conflicto al no saber cómo formularla- No me decidía entre: “nunca sabe uno con quién cuenta” y “nunca sabe uno para quién cuenta”... Es curioso, pues, siendo éstas cosas materialmente distintas, están –creo- íntimamente relacionadas ambas [hasta el punto, incluso, de poderse equivocar con facilidad]
Así, sólo puede uno contar con aquéllos para los que uno cuenta o, dicho de otra manera: sólo puede uno contar con aquéllos que le tienen a uno en cuenta. Es, como casi siempre que se trata de algo importante, una noción algo antropófaga, supongo, pues si bien contar con alguien es, o al menos parece, una opción: algo que uno decide o no hacer, la segunda aseveración nos corrige, dejándonos claro que el poder o no contar con alguien no es independiente del volo de ese mismo alguien sino que, dolorosamente, depende de lo que uno signifique para el otro.
¿Confuso? Quizás... no estoy muy ducho hoy, aquí, con las teclas... Léanlo otra vez: les garantizo que tiene sentido gramatical. Y es importante.
¿Qué lección aprendí, conjuntamente con alguna otra, esta semana? Pues las dos que escribí más arriba: (i) que nunca sabe uno con quién cuenta; y (ii) que nunca sabe uno para quién cuenta, que, al igual que los Mandamientos, se resumen en uno solo: nunca sabe uno, realmente, cómo de solo está realmente... y supongo que está bien así, pues lo contrario sería, probablemente, muy doloroso, ¿no creen?
Opino que forma parte de eso que llamamos madurar, y del necesario devenir de las cosas, el darse cuenta de cómo de inmensa es esta verdad y, quizás más importante, conseguir saber, sin pillarse los dedos, para quién cuenta uno al final del camino...
Créanme... no es que yo no vaya a dormir tranquilo esta noche, no... sólo les hago partícipes de una reflexión. Yo, por mi parte, lo voy teniendo cada día más claro.
Cuídense mucho, mucho, que son el futuro.
Personalmente, prefiero la acepción cuarta: poner a alguien en el número, clase u opinión que le corresponde; como cuando decimos “Lanzarote se contaba entre los más leales a Arturo”. Me hace sonreír, después, la quinta: cumplir años, y me gustan la octava y la novena: importar, ser de consideración, y tener en cuenta a alguien , respectivamente.
Es un bravo verbo, de ésos que admiten preposiciones, como los torturadores –para la mayoría, al menos- phrasal verbs ingleses, que a tantos se les resisten. Se puede decir contar con, y contar para [aunque discrepo del uso que hace la Academia de este último en su ejemplo], y tiene, además, muchas acepciones coloquiales...
Perdón...
Supongo que a muchos les puede parecer algo abrumadora la lección de semántica de esta noche, pero claro, como siempre, todo tiene su razón. Y es que hoy, mientras preparaba unas fresas para confitarlas [la mitad] y echarlas en leche [la otra mitad], cuchillo en mano, me ha dado, como siempre que me encierro en mi cocina [y es casi a diario] por reflexionar.
Rápidamente me ha venido a la cabeza el verbito en cuestión, mientras pensaba en una nueva lección aprendida últimamente. Y es que me ha surgido un conflicto al no saber cómo formularla- No me decidía entre: “nunca sabe uno con quién cuenta” y “nunca sabe uno para quién cuenta”... Es curioso, pues, siendo éstas cosas materialmente distintas, están –creo- íntimamente relacionadas ambas [hasta el punto, incluso, de poderse equivocar con facilidad]
Así, sólo puede uno contar con aquéllos para los que uno cuenta o, dicho de otra manera: sólo puede uno contar con aquéllos que le tienen a uno en cuenta. Es, como casi siempre que se trata de algo importante, una noción algo antropófaga, supongo, pues si bien contar con alguien es, o al menos parece, una opción: algo que uno decide o no hacer, la segunda aseveración nos corrige, dejándonos claro que el poder o no contar con alguien no es independiente del volo de ese mismo alguien sino que, dolorosamente, depende de lo que uno signifique para el otro.
¿Confuso? Quizás... no estoy muy ducho hoy, aquí, con las teclas... Léanlo otra vez: les garantizo que tiene sentido gramatical. Y es importante.
¿Qué lección aprendí, conjuntamente con alguna otra, esta semana? Pues las dos que escribí más arriba: (i) que nunca sabe uno con quién cuenta; y (ii) que nunca sabe uno para quién cuenta, que, al igual que los Mandamientos, se resumen en uno solo: nunca sabe uno, realmente, cómo de solo está realmente... y supongo que está bien así, pues lo contrario sería, probablemente, muy doloroso, ¿no creen?
Opino que forma parte de eso que llamamos madurar, y del necesario devenir de las cosas, el darse cuenta de cómo de inmensa es esta verdad y, quizás más importante, conseguir saber, sin pillarse los dedos, para quién cuenta uno al final del camino...
Créanme... no es que yo no vaya a dormir tranquilo esta noche, no... sólo les hago partícipes de una reflexión. Yo, por mi parte, lo voy teniendo cada día más claro.
Cuídense mucho, mucho, que son el futuro.
______________________________________________________________
Lunes, 19 Febrero 2007 23:19
Bécquer y Ludwig
Los que me conocen saben que a mí, Bécquer, me parece un poeta facilón y algo baboso, en el que lo romántico se confunde con lo cursi y lo sencillo con lo simplón. Bécquer es el poetilla del adjetivo afectado que precede a un nombre a menudo descuidado, el rapsoda de la “leve gasa”, el “palpitante seno”, la “melancólica frente”... ¡agh!Nada, nada... ¡a mí Neruda, que Bécquer y yo somos irreconciliables!
Aunque... bueno... Hay cuatro versos de Bécquer, nada más cuatro...
Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡hoy creo en Dios!
Hoy quizás, hoy de nuevo, en quince años... hoy quizás me asome yo con gusto a los jardines... Que hoy, aún más que siempre... hoy creo en Dios también yo.
_____________________________________________________________
Domingo, 18 Febrero 2007 22:17
Atto Primo
Hola a todos.In illo tempore, Ludwig [yo, para los menos avezados] tenía un blog. Tuve un blog. Era uno de esos blogs con una fuerte identidad y cierto empaque, con solera –tres años de confesiones, que ahí es nada, también reflexiones, tonterías, consejos y demás yerbas- Me encantaba mi blog... era un blog estupendo, de nombre sonoro, con bastantes lectores [algunos silenciosos, otros hasta molestos] y una personalidad muy marcada. Era, aunque quede algo cursi, un manantial de mí mismo... de hecho, ese apéndice que era mi pseudónimo, ese histriónico y hasta bastardo Ludwig, acabó formando una gran parte de mí; ¡hasta hacerme volver la cabeza!... Y es que Ludwig, ese animalito, soy yo, casi más que yo mismo, a través de mí mismo [es un poco esquizoide, lo sé...pero ya os aviso que habrá que acostumbrarse, porque yo, de Ludwig, no puedo prescindir...]
Llegó después un día –ni mejor ni peor que otros, no os creáis- en el que el pozo se me secó. No sé aún muy bien porqué, pero aquella Babilonia de mí mismo acabó por perder ese algo que lo justificaba... acabó por convertirse en una obligación sin cumplir, en una ventana indiscreta, en un jardín sin malvones... una especie de corsé demasiado apretado, casi cliché... Y me quedé mecum ipsum, y algo mudo –afónico, quizás, sea más acertado-, lejos de vosotros, también... lejos de Ludwig. Murió mi blog... se me secó el arbolito que llevaba en el nombre... él solo, pequeñito... pobre...
De esto hace meses. Y pasar página conllevó ciertos estertores, y hasta un epílogo.
Ahora, no sé... un poco como en el Pájaro de Fuego, hay un verdor que brota. Me apetece volver a esto tan singular que es la blogosfera... pero necesito un lienzo nuevo –y hasta un portal nuevo- para empezar [lo único que no cambia es el viejo y algo buffo apodo que me vale de traje de luces... y es que, como le decía hoy, más temprano, a una amiga: sin Ludwig, no es lo mismo] De lo demás: todo nuevo... nuevos lectores (espero), nuevo escritor –porque ya, sin mi arbolito, puedo ser más yo y menos ayer- y nuevo título [algo íntimo, ustedes perdonen, pero estoy sentado a luz de gas]
¿De qué va esto? Pues no sé muy bien... de las delectaciones y tribulaciones de alguien bastante singular [no es que sea raro este ignoto –para algunos- Ludwig, sino, más bien eso mismo: singular]; de las reflexiones –a veces excesivas y hasta cómicas- del poetastro [o del arlequín] que llevo dentro; de las divagaciones [¡Dios!... ¿cómo se dice, exactamente, farneticare, en castellano?] de las divagaciones, digo, de un cronista destartalado... no lo sé, en realidad... supongo que, sencillamente, va de Ludwig... de una vida moderna, atrapada en la urbanidad obligatoria, en la marcha forzada de alguien que adora el silencio, Rachmaninov y el pomelo.
Pasen y vean...
Se me ocurre, antes de irme, que hace algún tiempo –la tira, en realidad- hice un bonito ejercicio, cuando estaba aún mi arbolito en pie, de introspección [la idea fue de un kuwaití algo loco] Consiste en escribir, desde el silencio, y para todos vosotros, que no me conocéis, cien [100] cosas sobre mí –no creáis que es fácil- Así, podréis quizás, en este Atto Primo, haceros un croquis de con quién estáis tratando, ¿no? Después, espero, simple y llanamente, que sigáis viniendo –de eso se trata, ¿no?-
Ahí va: CIEN COSAS SOBRE MI
1. Soy vitalista hasta límites insospechados. Y un optimista sin remedio.
2. Aún no tengo treinta años –aunque más de uno me los echa, para mi cabreo-
3. Soy jurista –abogado, además, para más señas- Jurista loco, por si fuera poco: me parto de la risa leyendo el Digesto, o el Fuero Juzgo -supongo que, a muchos, esto os dice poco. Os garantizo, empero, que es importante-
4. Soy, aparentemente, muy extrovertido, pero soy tímido y reservado para las cosas importantes.
5. Fumo en pipa –pero no mucho-
6. Soy muy europeo –he vivido por todo el viejo mundo- Para más señas, al que le interese: en mi pasaporte pone España.
7. Me encanta Beethoven. Es muy normal verme como loco, dirigiendo una sinfonía con un lápiz en la mano en el salón de mi casa.
8. Leo mucho, pero menos de lo que me gustaría.
9. Me parto de la risa viendo a la hipopótama con tutú bailar la Danza de las Horas de Ponchielli, en la Fantasía de Disney.
10. Veo poco la tele y, aún así, la veo demasiado.
11. Me encanta cocinar –sobre todo la repostería- Se me da bien, a juzgar por las carrilladas y las sonrisas de satisfacción de mis comensales.
12. Vivo solo, y me encanta.
13. No obstante lo anterior, adoro llenar la casa de gente.
14. Considero que el gin tonic es, sin más, el culmen de la civilización.
15. Me gusta escribir, pero no me empeño lo suficiente como para hacerlo realmente bien.
16. Canto mucho. Dieciséis años de canto clásico me avalan. Pero no canto por eso: canto porque soy perpetuamente feliz.
17. Soy heterosexual y me encanta que me regalen flores. Reivindico mi derecho a la compatibilidad de ambas cosas. Es algo muy europeo, supongo.
18. Cuando muere Violetta, en la Traviata, no me da pena. Es imbécil y una ñoña de mierda.
19. Soy más Montesco que Capuleto
20. Admiro profundamente a Catulo, porque creo que describió el amor en toda su dimensión con sólo dos versos.
21. Cuando digo cosas raras, no lo hago por pedantería. Es que no me doy cuenta. En serio. De hecho, soy un animalito muy humilde y me tengo por bastante poco especial.
22. Si debiera elegir un lugar para vivir, elegiría París. Pero me faltaría tanto mi Madrid, que creo que no podría resistirlo toda una vida.
23. Me gusta escribir a máquina. A máquina es a máquina, no a ordenador.
24. Creo que todo el mundo debería haber escuchado el Carmina Burana y la novena de Beethoven antes de morir.
25. No soporto la mediocridad (entendida como ramplonería y falta de empaque, no como falta de capacidad)
26. Me encantan Dante, Schiller, Baudelaire, Lorca y Byron –por poner cinco ejemplos-
27. Vivo muy intensamente.
28. Amo muy intensamente.
29. Consecuencia de las dos anteriores, es que lloro mucho [y no siempre de pena]
30. No soy nada cursi. No soporto la cursilería –lo digo por aquéllos que saquen conclusiones precipitadas del número 29-
31. Me encanta el Otello de Verdi. Es la ópera más bonita jamás escrita. E Iago el malo más malo de todos los malos [me encanta, de puro malo]
32. Me encantan los personajes perversos: Dorian Grey, Fausto, Don Juan, Edmundo Dantés...
33. Soy el mayor gourmet del chocolate que habita la Tierra.
34. Julien Sorel era imbécil. Philip Pirrip, alias Pip, un pobre hombre, la mar de humano. Como contrapunto, Raskolnikov es enorme.
35. Nietzsche tenía razón. Y Kant, pero era muy plasta. Bobbio... sin palabras.
36. Soy de izquierdas. Y al que le moleste, que espabile, que esto es democracia.
37. Soy muy amigo de mis amigos. Hasta el extremo.
38. No tolero la mentira. Duele mil veces más que la verdad.
39. No soporto la ingratitud. Y no la perdono, porque no soy capaz de olvidarla.
40. Aunque odio el Bolero, creo que Ravel es grande, por la Pavana.
41. Odio hablar por teléfono. Creo que es un invento que vale para decirse cosas breves y urgentes, no para mantener conversaciones.
42. Soy un gran observador de cosas pequeñas y sencillas. Me encantan.
43. Hago yoga cada día. El yoga cambió mi vida. Desde el primer día.
44. Me encanta el té, aunque me pone frenético.
45. Me encanta la fotografía. Es mi gran hobby –y se me da muy bien, dicen-
46. Soy cabezota, pero supongo que se compensa, porque atiendo a razones.
47. Me gusta el jazz. Mucho. Y el nuevo folk americano también. El rock inglés, depende, ¿pa’ qué nos vamos a engañar?
48. En este orden: Beethoven, Chopin, Mozart, Rachmaninov, Mendelssohn, Tschaikovsky, Schubert, Dvorak, Smetana... y tiende a infinito.
49. Se supone que toco el piano. ¡Ja! Me da la risa...
50. ¿Mi pintor favorito? Degas.
51. ¿Mi libro favorito? Las Grandes Esperanzas, de Carlos Demonios, que es como llamo yo, cariñosamente, a Charles Dickens.
52. No soporto la homofobia. Es algo demasiado neanderthal como para que yo pueda comprenderlo o respetarlo.
53. Creo que “tolerancia” es un término muy mal empleado.
54. No tengo tabús [¿o taboos?]. Lo juro. Creo que hay que hacer y probar de todo en esta vida. Otra cosa es que surja la ocasión... tampoco voy por la vida en plan transgresor.
55. Mi color favorito es el azul, pero me gusta el rojo, si es un rojo bonito.
56. Pescado antes que carne... excepto si es pato [ya... ya sé que es raro]
57. Soy un gran bebedor de vino –en términos de calidad, no de cantidad- no soy un vulgar chuzo...
58. Mi plan ideal es una buena cena, una buena pipa, un gin tonic y una gran conversación [no excluyo el sexo, ¿eh?... pero no siempre se puede, ¿no?... quien diga que sí, miente]
59. Sé que soy atípico. Me importa un rábano. De hecho, un rábano me importa más... en según qué ensaladas, es bueno, un rábano.
60. No soporto a los intelectualoides, ésos que fuman maría y se las dan de profundos mientras hablan de libros que no han leído.
61. Me encantan los Beatles. Y los Rolling. You can’t always get what you wa-a-ant… hmmmm…
62. Creo que Lennon era un imbécil y un impresentable.
63. Soy marcadamente antiestadounidense... pero no por maniqueos políticos, sino por propia experiencia –o mejor dicho: por una constante sucesión de experiencias-
64. Tengo amigos estadounidenses, no obstante lo anterior. Lo cortés, ya sabéis...
65. Soy muy feliz, aunque no siempre esté contento.
66. No puedo vivir sin café.
67. Me encanta el granizado de limón.
68. Viajo mucho. Pero mucho, mucho. Aún así, no viajo todo lo que quisiera.
69. Me encanta el mar... de verdad: me encanta mucho, mucho...
70. Adoro el silencio.
71. Mis vecinos molestan más de lo estrictamente necesario. Esta circunstancia me crispa.
72. Creo firmemente en la Universidad y lamento que haya universitarios por los cuales la Universidad no ha pasado.
73. No hay más ganso que Ánsar [qui potest capere, capeat]
74. No: no me tengo por suspicaz, ni por un genio del humor. Pero soy feliz así, como soy.
75. Hay millones de cosas que hago mal. Y me encantaría poder hacerlas bien.
76. Me encantan los perros. Y mi perro es super simpático, el pobre, ¡y más mono!
77. Me encantan los niños... y tengo un ahijado que es, directamente, y sin discusión, el niño más guapo y más listo y más mejor del mundo mundial y de la galaxia entera.
78. Me encantaría hablar portugués. Me parece ininteligible, por mucho que digan que es fácil. Para mí es insondable.
79. Me encanta el humor absurdo. Me destripo de la risa.
80. Me encanta que me regalen libros. Es como si me regalasen un pedacito de alma –por Dios: no me regaléis libros que no hayáis leído... es algo trágico-
81. La comunidad germánica tiene más lógica que la comunidad romana... y al que le duela, que se ponga yerbas [perdón: cosas mías...]
82. La Regenta era una estrecha [que Dios y Clarín me perdonen] Vaya por delante que es uno de mis libros favoritos.
83. Me encanta Passolini, aunque acabó fatal.
84. Escribo con pluma estilográfica. Hasta el punto de que me sale una letruja horrible cuando escribo con bolígrafo de bola.
85. La tinta negra me parece sucia.
86. Ticio, Cayo y Sempronio me caen de muerte. Seguro que de cañas por ahí se lo pasaría uno bien con ellos.
87. No soporto a María Callas. Era una gritona de mucho cuidado –habría vendido verduras la mar de bien-
88. Soy incapaz de pronunciar palabras en otro idioma cuando hablo castellano. Si tengo que hablar de cereales, digo “cornfleiks”, a la española, como suena. Y los bolis son pilot, y no “pailot”. Si es que hay gente que tiene unas ideas... si la capital de Francia fuera Paguí y no París, seguro que vendrían los Jinetes del Apocalipsis a cortar cabezas.
89. En relación con lo anterior, el hijo de Harrison Ford se llama Harrison Five. No hay discusión.
90. Judas no era tan malo... al menos no según Kazantzhakis.
91. No soporto a Virginia Wolf. Y soy incapaz de leer el Ulises de Joyce... Quizás no esté hecha la miel para la boca del asno, pero... me quedo con el bocata de chistorra, en ese caso.
92. Pitágoras sería un genio, no digo que no, pero...
93. Los homomorfismos me amargan la vida. Nadie que haga homomorfismos puede ser feliz. Es imposible, hasta creyendo eso de que E=mc2.
94. Para mí, Deutsche Bank, es femenino. Lo siento.
95. Bratwurst con mostaza, cerveza y chucrut [ver 88: nada de choucroute] ¡ÑAM!
96. No me gustan los paréntesis... prefiero los corchetes. No sé: es una manía.
97. Soy un tío sencillo: de andar por casa. No soporto lo esnob. El otro día, un tío que comió conmigo, en un restaurante normalito, pidió al maître una carta de aguas. Casi poto. ¡Qué ridículo, por Dios!
98. Creo en Dios, pero no soy capaz de comulgar con la Iglesia de Roma. Además, Ratzinger es un impostor.
99. Creo que la razón de vivir es vivir en sí mismo. No hay ni mejor, ni más plausible explicación.
100. El que no llora se mutila y no vive todo lo que podría. Lo compadezco.
Y ya me despido, hasta pronto, espero.
Hay una cosa más... sólo una: Ludwig no sería él mismo si no dijese aquello de “cuidaos mucho, que sois el futuro”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario