Qué loco está el tiempo, señores… no sé si está más loco Aznar o el tiempo, pero, claro, esto ya es otro cantar, y no es cuestión que debiéramos tratar aquí hoy, sobre todo porque ni el tiempo ni Aznar tienen solución. El uno porque, aunque conseguimo eliminar los CFCs, nos queda mucha mili hasta apagar todas las bombillas contaminantes [las de Franklin] y los pozos de petróleo; y el otro, por todo lo contrario: por tener todas las luces apagadas y por empeñarse en rodearse de esa gente que no quiere apagar los pozos de petróleo, sino encenderlos, ¡y a bombazos!
Pero bueno… hablemos de otra cosa, como decía, que si no acabaré enredado en una disertación antifascio, y no es a lo que he venido
Decía que el tiempo está loco, y claro, como soy un animalito asténico, me trae loco a mí también: ora la euforia soleada, ora el aplatanamiento de esta lluvia caliente que nos azota… loquito me tiene, ¡loquito!, aunque entiendo que el momento aguacero es un alivio para los miles de alérgicos que, ante el envite de unas gramíneas descocadas y del lenocinoso viento, llevaban varias semanas sin salir de casa, a mí, hipotenso y bradicárdico sin remedio, me mata, directamente.
Y en este intervalo cojo, de parón, dentro del binario primaveral que, en plan latido sincopado, me deja aturdido y tonto, me paro de pie, copa de Verdejo en la mano [bien fresquito] y una pipa humeante, en la terraza, a oir llover entre las notas de un sobadísimo concierto para clarinete de Mozart... es como si se parase el mundo... tic-tac, tiiic-taaac, tic... [y ¡pum!... ya no hay tac... sólo lluvia y clarinete... hmmm....]
Me viene a la mente hacer algo que tengo por norma no hacer –de hecho, los que me conocéis bien sabéis que tengo auténtica aversión por ello y que, de hecho, no lo hago ni por san Silvestre-: una lista de propósitos. Pero, ¡son tan difíciles de cumplir, los propósitos! ¡y ya es la vida suficientemente complicada!... no lo sé... los propósitos son de un papel especialmente sensible al agua y suelen quedar desperdigados por los salones, como masas babosas en las que apenas se distingue el texto, decolorado y corrido, que adivinamos debió en algún momento haberse podido leer. Pero, ¡qué carajo! ¿qué me decís? ¿lo intentamos?
Callad... callad, que para esto me hace falta un hilo musical distinto... a ver...
¡Bueno! Espero no haberme equivocado... el caso es que Mozart suena bien con la lluvia. Le he dado una oportunidad a Schubert y a su “Auf dem wasser zu singen” [Dieskau, claro, por supuesto]
Bien. Veamos
(i) Empecemos por algo fácil: escuchar más a esos pobres muertitos abandonados de la fonoteca con los que tanto disfruté hace años y a los que soy tan infiel.
(ii) Escribir. Pero de verdad. Con locura.
(iii) No seré tan necio como para poner “volver a cantar”. Eso ya, me temo, es parte de mi pasado. Canturrear sí, claro, siempre, pero cantar... No, no... ese propósito se convertirá en baba mojada seguro. Veamos... Leer más. Sí. Mucho más: como antes... libros de esos que no se acaban nunca. ¡A mí Dumas!
(iv) Empeñarme en seguir cocinando, aunque sea poca cosa, y cenar cada día, cuando deje de llover, en mi terraza, a media luz, con un vinito.
(v) Yoga cada día antes de irme a dormir. ¡Fundamental!
(vi) Uno superficial, pero importante: seguir yendo al gimnasio cada día a mover un poco el cuerpo ese que saco todo enmohecido del despacho.
(vii) Matricularme en un curso de algo que se haga con las manos [este para septiembre, claro... ahora no es momento]
(viii) Invitar a cenar a esa chica y dejarme de tonterías ya de una vez, que parezco subnormal.
(ix) Como excepción al preámbulo del (iii), cantar, siempre que me lo pidan. Y si es Schubert, mejor [no me lo pidáis mucho, que hace largo que no canto]
(x) Mirar más hacia delante. Literal: sentarme en una silla y mirar al vacío un poquito. Es algo muy sano... en serio os lo digo.
Con diez vale ya, ¡leche! Si llego a cumplir cinco será un año fructífero. Desconfiad, no obstante. No se me da bien cumplir listas. Soy un poco Jeckyll y Hyde, e igual la lista que haría mañana sería totalmente distinta, llena de fotografía, pintura y libros de derecho. Hoy, sin embargo, con el sonido de la lluvia, es esta la que me apetece... algo querrá decir.
Os dejo aquí. Voy a escuchar un poco más esta mezcla de agua y Schubert. Luego, un poco de yoga, y a la cama. Ya mañana será otro día. ¡Y a ver si sale el Sol!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario