sábado, 11 de agosto de 2007

Un amore

Hola a todos.

El otro día, un tanto veladamente, os hablaba de un libro espléndido: una de las joyas del XX italiano del que me quedé con ganas de haceros participar, reproduciendo uno de mis pasajes favoritos. No pegaba mucho en el contexto del otro día una interrupción semejante, por lo que opté por dejarlo como estaba. Pero ayer, sentado en mi sofá, me vino a la mente el libro y decidí buscar este trozo mío favorito y releerlo.

Os lo reproduzco aquí, por hermoso. De nuevo, original y traducción [mía –disculpad-] Es una de las grandes verdades de esta vida y, para mí, que paso por la vida de esta manera tan intensamente contemplativa, fue una auténtica revelación. Confío en que os guste.

“Eppure anche a cinquant’anni si può essere bambini, esattamente deboli smarriti e spaventati come il bambino che si è perso nel buio della selva. L’inquietudine, la sete, la paura, lo sbigottimento, la gelosia, l’impazienza, la disperazione. L’amore! [...]

Di colpo egli capì ciò che dicevano, capì il significato del mondo visibile allorché esso ci fa restare stupefatti e diciamo “che bello” e qualcosa di grande entra nell’animo nostro. Tutta la vita era vissuto senza sospettarne la causa. Tante volte era rimasto in ammirazione dinanzi a un paesaggio, a un monumento, a una piazza, a uno scorcio di strada, a un giardino, a un interno di una chiesa, a una rupe, a un viottolo, a un deserto. Solo adesso, finalmente, si rendeva conto del segreto.

Un segreto molto semplice: l’amore. Tutto ciò che ci affascina nel mondo inanimato, i boschi, le pianure, i fiumi, le montagne, i mari, le valli, le steppe, di più, di più, le citta, i palazzi, le pietre, di più, il cielo, i tramonti, le tempeste, di più, la neve, di più, la notte, le stelle, il vento, tutte queste cose, di per sé vuote e indifferenti, si caricano si significato umano perché, senza che noi lo sospettiamo, contengono un presentimento d’amore.

Quanto era stato stupido non essersene mai accorto finora. Che interesse avrebbe una scogliera, una foresta, un rudere se non vi fosse implicata una attesa? E attesa d che, se non di lei, della creatura che ci potrebbe fare felici? Che senso avrebbe la valle romantica tutta rupi e scorci misteriosi se il pensiero non potesse condurci lei in una passeggiata del tramonto tra flebili richiami di uccelli? Ch senso la muraglia degli antichi faraoni se nell’ombra dello speco non potessimo fantasticare di un incontro? E l’angolo del borgo fiammingo che ci potrebbe importare, o il caffè del boulevard o il suk di Damasco se non si potesse suporre che anche lei un giorno vi passerà, impigliandovi un lembo di vita? E l’erma cappelletta al bivio col suo lumino perchè avrebbe tanto patos se non vi fosse nascosta un’allusione? E a che cosa allusione se non a lei, alla creatura che ci potrebbe fare felici?

Pensò alla finestra solitaria illuminata nella sera d’inverno, alla spiaggia sotto le rocce bianche nella gloria del sole, al vicolo inquietante e sghembo nel cuore della vecchia città, alle terraze del grand hotel nella notte di gala, ai fienili, al lume della luna, pensò alle piste di neve nel mezzogiorno di aprile, alla scia del candido transatlantico illuminato a festa, ai cimiteri di montagna, alle biblioteche, ai caminetti accesi, ai palcoscenici dei teatri deserti, al Natale, al barlume dell’alba. Dovunque c’era nascosto il pensiero inconfessato di lei, anche se non sapevamo neppure chi fosse.

Quanto meschina sarebbe, di fronte a un grande spettacolo della natura, la nostra esaltazione spirituale se riguardasse soltanto noi e non potesse espandersi verso un altra creatura.

Perfino le motagne che egli aveva intensamente amato, le nude scabre inospitali rupi in apparenza così antitetiche alle cose d’amore adesso assumevano un senso diverso. La sfida alla natura selvaggia? Il superamento dell’io? La conquista dell’abisso? L’orgoglio della vetta? Che spaventosa cretineria sarebbe, se consistesse solo in questo. Difficoltà e pericoli diventerebbero ridicolmente gratuiti. A lungo egli aveva meditato al problema senza riuscire a risolverlo. Adesso sì. Nell’amore per le montagne si annidava clandestnamente un’altro impulso dell’animo.”

"Sin embargo, también cuando se tienen cincuenta años se puede ser niño, igual de débil y de extraviado que el niño que se ha perdido en la oscuridad de la selva. La inquietud, la sed, el miedo, el terror, los celos, la impaciencia, la desesperación. ¡El amor! [...]

De un golpe él entendió lo que decían, entendió el significado que tiene el mundo visible cuando nos hace quedarnos estupefactos y decimos “qué bello” y algo grande entra en nuestro ánimo. Toda la vida había vivido sin sospechar su causa. Tantas veces había permanecido admirado ante un paisaje, un monumento, una plaza, una fugaz mirada a una calle, un jardín, el interior de una iglesia, un precipicio, un sendero, un desierto. Sólo ahora, finalmente, se apercibía del secreto.

Un secreto muy simple: el amor. Todo aquello que nos fascina del mundo inanimado, los bosques, las llanuras, los ríos, las montañas, los mares, los valles, las estepas, y más, y más, las ciudades, los palacios, las piedras, y más, el cielo, las puestas de sol, las tormentas, y más, la nieve, y más, la noche, las estrellas, el viento, todas estas cosas, de por sí vacías e indiferentes, se cargan de significado humano porque, sin que lo sospechemos, contienen un presentimiento de amor.

Qué estúpido había sido por no darse cuenta hasta ahora. ¿Qué interés tendrían un acantilado, un bosque, unas ruinas, si no implicasen una espera? ¿Y espera de qué, si no de ella, de la criatura que podría hacernos felices? ¿Qué sentido tendría un valle romántico, lleno de perspectivas y acantilados misteriosos si el pensamiento no pudiese conducirla a ella hasta allí en un paseo al ponerse el sol, entre suaves reclamos de pájaros? ¿Qué sentido la muralla de los antiguos faraones si en la sombra de la caverna no pudiésemos fantasear con un encuentro? Y el rincón del burgo flamenco, ¿qué nos importaría?, ¿o el café del bulevar, o el suk de Damasco, si no pudiésemos suponer que ella también, un día, pasaría por allí, hurtándonos un retazo de vida? Y la capillita solitaria en el cruce de vías, con su lucerna, ¿por qué tendría tanto pathos si no hubiese en ella escondida una alusión? ¿Y alusión a quién, si no a ella, la criatura qu podría hacernos felices?

Pensó en la ventana solitaria iluminada en una tarde de invierno, en la playa bajo las rocas blancas al calor del sol, en la calleja inquietante y tortuosa en el corazón de la vieja ciudad, en las terrazas del gran hotel en la noche de gala, en los establos, en la luz de la luna, pensó en las pistas de nieve de un mediodía de abril, en la estela del blanco trasatlántico iluminado para una fiesta, en los cementerios de montaña, en las bibliotecas, en los caminitos encendidos, en los proscenios de los teatros desiertos, en la Navidad, en la claridad del alba. En todas partes estaba escondido el pensamiento inconfesable de ella, incluso si no sabíamos ni siquiera quién era.

Qué mezquina sería, frente a un gran espectáculo de la naturaleza, nuestra exaltación espiritual, si fuera tan sólo para nosotros y no pudiese expandirse hacia otra criatura.

Hasta las montañas que él había amado intensamente, los escabrosos barrancos inhóspitos en apariencia tan antitéticos de las cosas del amor, ahora adquirían un sentido distinto. ¿El desafío a la naturaleza salvaje?, ¿la superación del yo?, ¿la conquista del abismo?, ¿el orgullo de la cima? Qué horrenda estupidez sería si consistiese tan sólo en eso. Dificultades y peligros devendrían ridículamente gratuitos. Largo tiempo había meditado sobre el problema sin llegar a resolverlo. Ahora sí. En el amor por las montañas anidaba clandestino otro impulso del alma.”

Dino Buzzati: Un Amore

Confío en que os haya gustado.

Muchas felicidaes, Pé, querida. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Y sonríe siempre, y mira a tu alrededor, y respira y siente el aire frío. Los silencios del alma estos que nos sobrevienen son pausas necesarias para no morir de un exceso de vitalismo. Mira hacia adentro y mándame una carta larga, larga, de esas en las que no se escribe mucho, pero se dicen muchas cosas, ¿si?.

Cuidaos todos mucho, que sois el futuro.

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