martes, 27 de noviembre de 2007

Continuum..

Bueno… pues aquí voy con una nueva sugerencia musical, esta vez mucho menos atrevida que la anterior, y mucho más moderna. Se trata del último disco de un joven americano que muchos conoceréis (porque es un auténtico superventas): John Mayer. El disco: Continuum.
Se trata de un trabajo absolutamente fantástico–en la cúspide de la popularidad del álbum están los temazos Waiting on the World to Change y Gravity que, a mí particularmente, me recuerda al mejor Marvin Gaye- lleno de un rock fresco –con alma de blues, en muchos casos- que, en contraste con el título que lleva, se diferencia bastante de sus anteriores trabajos.



En realidad, y para los más puristas, su último trabajo, que ya se puede escuchar –salió el pasado día 20 en EE.UU.-, es, en realidad, una canción sensacional llamada “Say” que irá incluida en la banda sonora de la película “The Bucket List”. En cualquier caso, lo último del John Mayer, en lo que a álbumes respecta, es este “Continuum” del que os quería hablar hoy [por cierto que acaba de salir una special edition de ésas que ponen los dientes largos]. John Mayer culmina, con este disco, el giro musical de acercamiento al blues y a una música “más sensible” y mucho más madura que comenzó en 2005, después de publicar “Heavier Things” y de comenzar a tocar con el John Mayer Trio. Se trata,como digo, de un disco de estudio realmente maduro y sólido, de un artista que ya,con varios Grammys a sus espaldas, está “en lo más alto de lo bueno”. Todo, pero todo, material de calidad.
A los que les guste, les recomiendo también el trabajo que hizo con el John Mayer Trio y que se llama “TRY!” –se trata de un concierto, y no de un disco de estudio- además del acústico “The Village Sessions” que también está muy bien [de hecho, es posterior a Continuum, pero no es material nuevo]. Sensacional la versión de Gravity incluida en el disco/concierto "Salvemos la Tierra" [amigos de Al Gore] Live Earth y, claro está, “Dreaming with a Broken Heart”: una canción de las que hacen época, para los que gusten de esas cosas.

Disfrutadlo. De verdad que merece la pena.


Por lo demás, cuidaos, ¡que sois el futuro!

martes, 20 de noviembre de 2007

Sigo vivo... ¡y coleando!

Mis más sinceras disculpas a todos por estos tres meses y dos días de silencio. He estado, como quien dice, liado como la pata de un romano, amén de ser víctima de un writer’s block del tamaño aproximado del Taj Mahal. El exceso de trabajo en el que me he visto imbuido, conjuntamente con mis clases de árabe, y algún otro objetivo ocupacional que me he fijado para estos meses, me han tenido bastante alejado de la pluma y, por supuesto, del teclado [con el consiguiente daño al Mecum Ipsum]) Espero que baste con mi propósito de enmienda…


Llevo un ratito escuchando un disco que, a pesar de no ser muy viejo, he tenido que rescatar de lo más profundo de mi fonoteca. Mi fonoteca es, para los que no lo sepan, un espectáculo en toda regla, paradigma del eclecticismo, pero siempre, y sólo, de lo exquisito, rozando la frontera de los dos mil discos [y, con ellos, los tres mil o tres mil quinientos títulos de música clásica]. Creo que soy objetivo en este análisis... de veras.


El disco del que os hablaba [que hacía mucho que no escuchaba, y que salió en 2006] es una ceremonia de sonoridad, algo freakie -hay que admitirlo- y constituye, al menos para mí, la prueba de que la música electrónica ha supuesto la pérdida, al menos para lo que al mundo sinfónico se refiere, de grandes músicos, que quizás, de haberse dedicado, habrían llegado a ser maestros del XX, y habrían devuelto a la tradición musical europea algo del brillo que tan lamentablemente perdió, irremediablemente, al parecer, tras la Guerra [y no miro a nadie, pero no por falta de candidatos a “chirriador del siglo”]. En concreto, lo que tengo enchufado a los oídos ahora mismo es la adaptación sinfónica de algunos de los mejores temas de Jean-Michel Jarre, interpretada por la City of Prague Philharmonic Orchestra en un doble CD [The Symphonic Jean-Michel Jarre] que recomiendo como un must-have absoluto [y no, no es freakoide: el disco es tan bueno que hasta lo raro se justifica, y no en vano llevó dos años de trabajo componerlo, y doscientos músicos grabarlo]




Por lo demás, estoy contento. Con multitud de proyectos en mente, dispuesto a no dejarme aburrir ni, por supuesto, apabullar, por esta vida tan triste que algunos nos intentan imponer y que yo, sinceramente, no les compro.


Igual de Ludwigiano que siempre, con ganas para el invierno, que promete ser crudo [he sacado la colección de bufandas del armario] ya he planificado dos viajes para el mes de diciembre: una vuelta por Bélgica a principio de mes, con un amigo; y la Pascua en Alemania, con mi familia y mis niños, que son lo más guapo del mundo.


Proyectos de fotografía que creo que pueden quedar bien, ¿quién sabe si también terminar esa página web que languidece en el espacio "internético", inconclusa, por un pequeño escollo de programación que no tuve la paciencia de estudiar? Además de eso, por supuesto mis clases de árabe, mi Moleskine, y todas las demás cosas de siempre, entre las cuales, la inmutable: la música (y, en concreto, Beethoven) Pero, mi raccomando , atención a la recomendación de hoy. El disco de Jarre es muy bueno. Un magnífico ejemplo de fusión entre lo clásico y lo electrónico, y un modelo de buen gusto [sensacionalismos musicales aparte, claro está, que esto es Jarre puro]


Que lo disfrutéis. Y, bueno, ya sabéis: que estoy aquí para lo que haga falta (y por mucho, mucho tiempo)


Cuidaos mucho, que sois el futuro.