martes, 27 de noviembre de 2007

Continuum..

Bueno… pues aquí voy con una nueva sugerencia musical, esta vez mucho menos atrevida que la anterior, y mucho más moderna. Se trata del último disco de un joven americano que muchos conoceréis (porque es un auténtico superventas): John Mayer. El disco: Continuum.
Se trata de un trabajo absolutamente fantástico–en la cúspide de la popularidad del álbum están los temazos Waiting on the World to Change y Gravity que, a mí particularmente, me recuerda al mejor Marvin Gaye- lleno de un rock fresco –con alma de blues, en muchos casos- que, en contraste con el título que lleva, se diferencia bastante de sus anteriores trabajos.



En realidad, y para los más puristas, su último trabajo, que ya se puede escuchar –salió el pasado día 20 en EE.UU.-, es, en realidad, una canción sensacional llamada “Say” que irá incluida en la banda sonora de la película “The Bucket List”. En cualquier caso, lo último del John Mayer, en lo que a álbumes respecta, es este “Continuum” del que os quería hablar hoy [por cierto que acaba de salir una special edition de ésas que ponen los dientes largos]. John Mayer culmina, con este disco, el giro musical de acercamiento al blues y a una música “más sensible” y mucho más madura que comenzó en 2005, después de publicar “Heavier Things” y de comenzar a tocar con el John Mayer Trio. Se trata,como digo, de un disco de estudio realmente maduro y sólido, de un artista que ya,con varios Grammys a sus espaldas, está “en lo más alto de lo bueno”. Todo, pero todo, material de calidad.
A los que les guste, les recomiendo también el trabajo que hizo con el John Mayer Trio y que se llama “TRY!” –se trata de un concierto, y no de un disco de estudio- además del acústico “The Village Sessions” que también está muy bien [de hecho, es posterior a Continuum, pero no es material nuevo]. Sensacional la versión de Gravity incluida en el disco/concierto "Salvemos la Tierra" [amigos de Al Gore] Live Earth y, claro está, “Dreaming with a Broken Heart”: una canción de las que hacen época, para los que gusten de esas cosas.

Disfrutadlo. De verdad que merece la pena.


Por lo demás, cuidaos, ¡que sois el futuro!

martes, 20 de noviembre de 2007

Sigo vivo... ¡y coleando!

Mis más sinceras disculpas a todos por estos tres meses y dos días de silencio. He estado, como quien dice, liado como la pata de un romano, amén de ser víctima de un writer’s block del tamaño aproximado del Taj Mahal. El exceso de trabajo en el que me he visto imbuido, conjuntamente con mis clases de árabe, y algún otro objetivo ocupacional que me he fijado para estos meses, me han tenido bastante alejado de la pluma y, por supuesto, del teclado [con el consiguiente daño al Mecum Ipsum]) Espero que baste con mi propósito de enmienda…


Llevo un ratito escuchando un disco que, a pesar de no ser muy viejo, he tenido que rescatar de lo más profundo de mi fonoteca. Mi fonoteca es, para los que no lo sepan, un espectáculo en toda regla, paradigma del eclecticismo, pero siempre, y sólo, de lo exquisito, rozando la frontera de los dos mil discos [y, con ellos, los tres mil o tres mil quinientos títulos de música clásica]. Creo que soy objetivo en este análisis... de veras.


El disco del que os hablaba [que hacía mucho que no escuchaba, y que salió en 2006] es una ceremonia de sonoridad, algo freakie -hay que admitirlo- y constituye, al menos para mí, la prueba de que la música electrónica ha supuesto la pérdida, al menos para lo que al mundo sinfónico se refiere, de grandes músicos, que quizás, de haberse dedicado, habrían llegado a ser maestros del XX, y habrían devuelto a la tradición musical europea algo del brillo que tan lamentablemente perdió, irremediablemente, al parecer, tras la Guerra [y no miro a nadie, pero no por falta de candidatos a “chirriador del siglo”]. En concreto, lo que tengo enchufado a los oídos ahora mismo es la adaptación sinfónica de algunos de los mejores temas de Jean-Michel Jarre, interpretada por la City of Prague Philharmonic Orchestra en un doble CD [The Symphonic Jean-Michel Jarre] que recomiendo como un must-have absoluto [y no, no es freakoide: el disco es tan bueno que hasta lo raro se justifica, y no en vano llevó dos años de trabajo componerlo, y doscientos músicos grabarlo]




Por lo demás, estoy contento. Con multitud de proyectos en mente, dispuesto a no dejarme aburrir ni, por supuesto, apabullar, por esta vida tan triste que algunos nos intentan imponer y que yo, sinceramente, no les compro.


Igual de Ludwigiano que siempre, con ganas para el invierno, que promete ser crudo [he sacado la colección de bufandas del armario] ya he planificado dos viajes para el mes de diciembre: una vuelta por Bélgica a principio de mes, con un amigo; y la Pascua en Alemania, con mi familia y mis niños, que son lo más guapo del mundo.


Proyectos de fotografía que creo que pueden quedar bien, ¿quién sabe si también terminar esa página web que languidece en el espacio "internético", inconclusa, por un pequeño escollo de programación que no tuve la paciencia de estudiar? Además de eso, por supuesto mis clases de árabe, mi Moleskine, y todas las demás cosas de siempre, entre las cuales, la inmutable: la música (y, en concreto, Beethoven) Pero, mi raccomando , atención a la recomendación de hoy. El disco de Jarre es muy bueno. Un magnífico ejemplo de fusión entre lo clásico y lo electrónico, y un modelo de buen gusto [sensacionalismos musicales aparte, claro está, que esto es Jarre puro]


Que lo disfrutéis. Y, bueno, ya sabéis: que estoy aquí para lo que haga falta (y por mucho, mucho tiempo)


Cuidaos mucho, que sois el futuro.

sábado, 18 de agosto de 2007

Improductivo... ma godendo

Hola a todos.

Iba a deciros que llevo toda la mañana tocando la guitarra en plan vago, pero eso sería poco legítimo. Yo, en realidad, no toco la guitarra. La rasco y la pellizco como puedo, heterodoxamente, hasta que la hago sonar lo suficiente como para acompañar una voz que ya no es lo que fue –ni de lejos-

Toda la mañana tocando Why Worry bien se corresponde con este revival tremendo de los Dire Straits que estoy atravesando. Ya sabéis que lo mío es la coherencia. No me salen los punteos ni de lejos como a Knopfler, pero la verdad es que, para el que no me haya oído cantar antes –y pueda comparar con aquello- supongo que suena bien.

Más cosas. Debéis perdonar que haya venido poco por aquí en los últimos días, pero es que tengo mucho trabajo –si, hijos, si… incluso en agosto el pobre Ludwig tiene mucho trabajo; ¡y más que voy a tener!- y por la tarde, cuando llego a casa, me pongo a escribir en el Moleskino, a mano, de suerte que no me queda tiempo para mucho más.

Voy compaginando, además, el segundo volumen de Los Gozos y las Sombras con un extraordinario y picciolino libro de Rainer Maria Rilke que me está encantando: A lo largo de la vida; y es que, veréis: me he hecho una lista de los libros que hay en mi estantería y que están aún por leer. Y son, entre pitos y flautas, y sin contar un compendio de escritos inéditos de Calvino, cincuenta y cuatro libros [varios en dos y tres volúmenes, como Fortunata y Jacinta] Esto, queridos amigos, sumado a mi avidez relectora [ya sabéis que me encanta releer favoritos, y pronto tocan las Grandes Esperanzas –de nuevo- y Cien Años de Soledad] junto a cuatro libros que me han prestado [entre los cuales uno de Mariolina Venezia que, según referencias, es maravilloso, y que muero por leer] es, simple y llanamente, una barbaridad. Por favor: ¡que nadie me regale libros! Nunca conseguiré leerlos todos, si seguimos así.

Debo, a lo largo del día, reunir la suficiente fuerza como para levantar mi cuerpo de este sillón e ir a la compra. Luego tengo que hacer un tiramisú, para complacencia de algunos que insistentemente me persiguen, salivando como perros pavlovianos. En fin: todo sea por complacer paladares. En realidad, es puro afán de quejarme: me encanta pasarme una tarde entre pucheros, ya lo sabéis. Ya os contaré qué tal queda.

Es muy posible que quede con un buen amigo esta tarde, aunque como sale de viaje mañana, debo esperar su confirmación. Si al final nos vemos, lo pasaremos bien. Tengo muchas ganas de verlo y de que me cuente. Acaba de volver de la Gran Manzana y, la verdad, lo veo fascinado –no me extraña: ¡es una ciudad magnífica!-


Como veis, no tengo grandes cosas que contar, ni profundas reflexiones de las que haceros partícipes. Os haré, eso sí, antes de marcharme, una recomendación musical, para los que gusten de la buena música clásica, y del piano [Pé: créeme que este te va a gustar]: Zbignew Preisner [el de la foto: uno de mis músicos vivos favoritos] tiene en el mercado un disco que se llama 10 easy pieces for piano del que, además, es fácil encontrar partituras. Una extraña mezcla entre Satie, Bartòk y la propia música a la que Preisner nos tiene acostumbrados. Una auténtica maravilla, tipo Gymnopédies con momentos de Nyman… no sé: es algo especial. Mi raccomando.

Sin más, je vous salue.

Cuidaos mucho, que sois el futuro.

martes, 14 de agosto de 2007

On every street

Esta canción es demasiado buena como para que caiga en el olvido... esa voz Knopfler, "and it's your face I'm looking for on every street", con solo de guitarra incluido al final... ¡qué tiempos! Me rechifla esta canción. Bueno: me rechifla el disco entero, me rechiflan ellos. ¡Y me rechifla todo lo que hicieron!

"There's gotta be a record of you some place
You gotta be on somebody's books
The lowdown - a picture of your face
Your injured looks
The sacred and profane
The pleasure and the pain
Somewhere your fingerprints remain concrete
And its your face I'm looking for on every street

A ladykiller - regulation tattoo
Silver spurs on his heels
Says - what can I tell you as Im standing next to you
She threw herself under my wheels
Oh its a dangerous road
And a hazardous load
And the fireworks over liberty expode in the heat
And its your face I'm looking for on every street

A three-chord symphony crashes into space
The moon is hanging upside down
I don't know why it is I'm still on the case
Its a ravenous town
And you still refuse to be traced
Seems to me such a waste
And every victory has a taste that's bittersweet
And it's your face I'm looking for on every street
"

Hmmmm.....

Besos y cuidaos mucho, que sois el futuro.

sábado, 11 de agosto de 2007

Un amore

Hola a todos.

El otro día, un tanto veladamente, os hablaba de un libro espléndido: una de las joyas del XX italiano del que me quedé con ganas de haceros participar, reproduciendo uno de mis pasajes favoritos. No pegaba mucho en el contexto del otro día una interrupción semejante, por lo que opté por dejarlo como estaba. Pero ayer, sentado en mi sofá, me vino a la mente el libro y decidí buscar este trozo mío favorito y releerlo.

Os lo reproduzco aquí, por hermoso. De nuevo, original y traducción [mía –disculpad-] Es una de las grandes verdades de esta vida y, para mí, que paso por la vida de esta manera tan intensamente contemplativa, fue una auténtica revelación. Confío en que os guste.

“Eppure anche a cinquant’anni si può essere bambini, esattamente deboli smarriti e spaventati come il bambino che si è perso nel buio della selva. L’inquietudine, la sete, la paura, lo sbigottimento, la gelosia, l’impazienza, la disperazione. L’amore! [...]

Di colpo egli capì ciò che dicevano, capì il significato del mondo visibile allorché esso ci fa restare stupefatti e diciamo “che bello” e qualcosa di grande entra nell’animo nostro. Tutta la vita era vissuto senza sospettarne la causa. Tante volte era rimasto in ammirazione dinanzi a un paesaggio, a un monumento, a una piazza, a uno scorcio di strada, a un giardino, a un interno di una chiesa, a una rupe, a un viottolo, a un deserto. Solo adesso, finalmente, si rendeva conto del segreto.

Un segreto molto semplice: l’amore. Tutto ciò che ci affascina nel mondo inanimato, i boschi, le pianure, i fiumi, le montagne, i mari, le valli, le steppe, di più, di più, le citta, i palazzi, le pietre, di più, il cielo, i tramonti, le tempeste, di più, la neve, di più, la notte, le stelle, il vento, tutte queste cose, di per sé vuote e indifferenti, si caricano si significato umano perché, senza che noi lo sospettiamo, contengono un presentimento d’amore.

Quanto era stato stupido non essersene mai accorto finora. Che interesse avrebbe una scogliera, una foresta, un rudere se non vi fosse implicata una attesa? E attesa d che, se non di lei, della creatura che ci potrebbe fare felici? Che senso avrebbe la valle romantica tutta rupi e scorci misteriosi se il pensiero non potesse condurci lei in una passeggiata del tramonto tra flebili richiami di uccelli? Ch senso la muraglia degli antichi faraoni se nell’ombra dello speco non potessimo fantasticare di un incontro? E l’angolo del borgo fiammingo che ci potrebbe importare, o il caffè del boulevard o il suk di Damasco se non si potesse suporre che anche lei un giorno vi passerà, impigliandovi un lembo di vita? E l’erma cappelletta al bivio col suo lumino perchè avrebbe tanto patos se non vi fosse nascosta un’allusione? E a che cosa allusione se non a lei, alla creatura che ci potrebbe fare felici?

Pensò alla finestra solitaria illuminata nella sera d’inverno, alla spiaggia sotto le rocce bianche nella gloria del sole, al vicolo inquietante e sghembo nel cuore della vecchia città, alle terraze del grand hotel nella notte di gala, ai fienili, al lume della luna, pensò alle piste di neve nel mezzogiorno di aprile, alla scia del candido transatlantico illuminato a festa, ai cimiteri di montagna, alle biblioteche, ai caminetti accesi, ai palcoscenici dei teatri deserti, al Natale, al barlume dell’alba. Dovunque c’era nascosto il pensiero inconfessato di lei, anche se non sapevamo neppure chi fosse.

Quanto meschina sarebbe, di fronte a un grande spettacolo della natura, la nostra esaltazione spirituale se riguardasse soltanto noi e non potesse espandersi verso un altra creatura.

Perfino le motagne che egli aveva intensamente amato, le nude scabre inospitali rupi in apparenza così antitetiche alle cose d’amore adesso assumevano un senso diverso. La sfida alla natura selvaggia? Il superamento dell’io? La conquista dell’abisso? L’orgoglio della vetta? Che spaventosa cretineria sarebbe, se consistesse solo in questo. Difficoltà e pericoli diventerebbero ridicolmente gratuiti. A lungo egli aveva meditato al problema senza riuscire a risolverlo. Adesso sì. Nell’amore per le montagne si annidava clandestnamente un’altro impulso dell’animo.”

"Sin embargo, también cuando se tienen cincuenta años se puede ser niño, igual de débil y de extraviado que el niño que se ha perdido en la oscuridad de la selva. La inquietud, la sed, el miedo, el terror, los celos, la impaciencia, la desesperación. ¡El amor! [...]

De un golpe él entendió lo que decían, entendió el significado que tiene el mundo visible cuando nos hace quedarnos estupefactos y decimos “qué bello” y algo grande entra en nuestro ánimo. Toda la vida había vivido sin sospechar su causa. Tantas veces había permanecido admirado ante un paisaje, un monumento, una plaza, una fugaz mirada a una calle, un jardín, el interior de una iglesia, un precipicio, un sendero, un desierto. Sólo ahora, finalmente, se apercibía del secreto.

Un secreto muy simple: el amor. Todo aquello que nos fascina del mundo inanimado, los bosques, las llanuras, los ríos, las montañas, los mares, los valles, las estepas, y más, y más, las ciudades, los palacios, las piedras, y más, el cielo, las puestas de sol, las tormentas, y más, la nieve, y más, la noche, las estrellas, el viento, todas estas cosas, de por sí vacías e indiferentes, se cargan de significado humano porque, sin que lo sospechemos, contienen un presentimiento de amor.

Qué estúpido había sido por no darse cuenta hasta ahora. ¿Qué interés tendrían un acantilado, un bosque, unas ruinas, si no implicasen una espera? ¿Y espera de qué, si no de ella, de la criatura que podría hacernos felices? ¿Qué sentido tendría un valle romántico, lleno de perspectivas y acantilados misteriosos si el pensamiento no pudiese conducirla a ella hasta allí en un paseo al ponerse el sol, entre suaves reclamos de pájaros? ¿Qué sentido la muralla de los antiguos faraones si en la sombra de la caverna no pudiésemos fantasear con un encuentro? Y el rincón del burgo flamenco, ¿qué nos importaría?, ¿o el café del bulevar, o el suk de Damasco, si no pudiésemos suponer que ella también, un día, pasaría por allí, hurtándonos un retazo de vida? Y la capillita solitaria en el cruce de vías, con su lucerna, ¿por qué tendría tanto pathos si no hubiese en ella escondida una alusión? ¿Y alusión a quién, si no a ella, la criatura qu podría hacernos felices?

Pensó en la ventana solitaria iluminada en una tarde de invierno, en la playa bajo las rocas blancas al calor del sol, en la calleja inquietante y tortuosa en el corazón de la vieja ciudad, en las terrazas del gran hotel en la noche de gala, en los establos, en la luz de la luna, pensó en las pistas de nieve de un mediodía de abril, en la estela del blanco trasatlántico iluminado para una fiesta, en los cementerios de montaña, en las bibliotecas, en los caminitos encendidos, en los proscenios de los teatros desiertos, en la Navidad, en la claridad del alba. En todas partes estaba escondido el pensamiento inconfesable de ella, incluso si no sabíamos ni siquiera quién era.

Qué mezquina sería, frente a un gran espectáculo de la naturaleza, nuestra exaltación espiritual, si fuera tan sólo para nosotros y no pudiese expandirse hacia otra criatura.

Hasta las montañas que él había amado intensamente, los escabrosos barrancos inhóspitos en apariencia tan antitéticos de las cosas del amor, ahora adquirían un sentido distinto. ¿El desafío a la naturaleza salvaje?, ¿la superación del yo?, ¿la conquista del abismo?, ¿el orgullo de la cima? Qué horrenda estupidez sería si consistiese tan sólo en eso. Dificultades y peligros devendrían ridículamente gratuitos. Largo tiempo había meditado sobre el problema sin llegar a resolverlo. Ahora sí. En el amor por las montañas anidaba clandestino otro impulso del alma.”

Dino Buzzati: Un Amore

Confío en que os haya gustado.

Muchas felicidaes, Pé, querida. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! Y sonríe siempre, y mira a tu alrededor, y respira y siente el aire frío. Los silencios del alma estos que nos sobrevienen son pausas necesarias para no morir de un exceso de vitalismo. Mira hacia adentro y mándame una carta larga, larga, de esas en las que no se escribe mucho, pero se dicen muchas cosas, ¿si?.

Cuidaos todos mucho, que sois el futuro.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Hojas...

Si, aplicando una muy sobada metáfora, todos nosotros fuéramos como hojas en el viento o, más bien, quizás, y según está la vida, a lomos de un violento huracán, me pregunto qué tipo de hoja me tocaría en suerte ser.

Supongo que, como las hojas, las personas somos únicas, y de mil tipos diferentes. No es lo mismo la espinosa y dura hoja de una encina, de un verde casi gris y una textura acartonada e inerte, que la frondosa y aromática hoja de una higuera en verano. Y es que, la morfología de cada hoja, como la de cada persona, depende del tipo de árbol del que provenga, de si ha recibido mucha o poca luz, de la edad del árbol y del grado de maduración de la propia hoja: de si envejece bien o mal –perennes, por desgracia, no somos ninguno- Además, si el árbol tuvo parásitos, o enfermedades, también se notará en la hoja y, claro, tampoco será lo mismo la hoja de un árbol de ciudad que la de un árbol de un bosque virgen…

Las personas somos, en este sentido, variados como las hojas: somos altos, bajos, guapos, feos, rubios, morenos o pelirrojos, pero también, y sobre todo: buenos o malos, sanos o envidiosos, grises o coloridos, finos o espesos, suaves o groseros, calmantes o urticantes, y un largo etcétera de apellidos más o menos botánicos, y no siempre ordenables en binomios contrapuestos.

Miles de millones de formas, colores y propiedades, además de la condición de cada uno, hacen que, muy probablemente, no haya dos hojas iguales, como no hay dos personas iguales o, por mucho que se diga, dos gotas de agua iguales. ¿Dónde quiero llegar, os preguntaréis? Pues a una aturullante reflexión: si somos todos tan distintos, ¿cómo es que nos sentimos todos iguales?, ¿de dónde sale esta masa de uniformidad gris?, ¿por qué esa rematadamente estúpida idea de agruparnos en tribus homogéneas, a fuerza de querer escapar, en una desesperada huida hacia adelante, de lo que podríamos llegar a ser si nos desarrolláramos? Tú eres punky, yo soy pijo, tú eres grunge y yo soy heavy y, estés en la tribu que estés, todos somos igual de grises e igual de cretinos… igual de heterogéneamente homogéneos... o igual de homogéneamente heterogéneos.

Veamos: quien pasease por un parque en otoño caminaría, probablemente –y sobre todo si vive en Bruselas, donde no recogen las hojas- sobre un magnífico tapiz de mil millones de tonos de amarillo, rojo y verde en el que la variedad de formas y tamaños resultaría, al observador minucioso, fascinantemente rica. Sin embargo, si nuestro incauto y distraído paseante resultase interpelado con un “amigo mío, ¿qué ve usted?”, éste respondería, sin duda alguna: “hojas, ¿por qué me lo pregunta?” Así, no sólo no sabría decirnos qué hojas, ni de qué colores, está viendo, sino que, además, el motivo de nuestra pregunta le resultaría curioso, por absolutamente irrelevante. Total, ¿a quién le puede importar lo que cada uno ve en un montón de hojas?

El caso es que lo inconsciente de esta idea penetra –ha penetrado- en el inconsciente colectivo humano. ¡En cada poro! No sólo buscamos nuestra identidad en colectivos más o menos homogéneos, de manera que podamos decirnos, la cabeza en la almohada, “yo soy tal, o yo soy cual”, sino que, para mayor tristeza, esto no nos ayuda en absoluto a encontrarnos –quizá, tan sólo, a algunos, a sentirse más seguros, menos a la merced de la pavorosa tormenta de la que os hablaba al principio-

Hay, en esta sociedad occidental en la que vivimos, con carácter general, una gran falta de valores, enormes cantidades de aburrimiento e irreflexión y, finalmente, montañas inmensas de insatisfacción. El ritmo al que nos movemos hoy, las exigencias de la vida urbana y del trabajo, el borreguismo de la televisión –cada día más vergonzosa- de la prensa gratuita del metro, de la publicidad y del estereotipo nos produce un vacío interior que afecta a nuestra propia identidad: a lo que somos, no ya para el colectivo –que levante la mano al que le importe- sino para nosotros mismos, para aceptarnos y comprendernos; algo sin lo que me temo que es imposible ser feliz.

Y, ¿dónde quedo yo en todo esto? Pues… gran parte de ello debéis decidirlo vosotros. Sin embargo, yo apuntaría que el que me conoce diría de mí que soy bastante yo mismo, y bastante individual –único en mi especie, vamos- Que me siento rematadamente distinto de los demás, pero no por llevar maniáticamente la contraria, sino porque yo no busco la felicidad –mi felicidad- en los demás, ni en los objetos de los que me rodeo; que mi felicidad, si bien, como la de todos, está condicionada por el lugar que ocupo en la sociedad en la que vivo, no se basa en ello para ser o no ser. Sé bien lo que me gusta, y por qué me gusta. Sé –y es, quizás, más importante- lo que no me gusta, y por qué no me gusta y… aunque, como todos, a veces me desoriento en esta llanura de Ferres que nos toca recorrer, sé bien dónde voy: y es hacia adentro: no hay camino que lleve más hacia adelante, os lo aseguro.

Y para ello no hace falta quemar sujetadores, o proclamar no ver jamás la tele, o ir a la ópera, ni leer el Ulises para ser más intelectual, ni hay que militar en Greenpeace, ni gritar que el mundo se acaba, ni quemar iglesias y maldecir al Papa. Tampoco hay que asegurarse de tener un amigo homosexual para ser el adalid de la tolerancia, ni decir, con aire indignado, que Madonna es una frívola por comprar niños en África, no… Todas estas cosas se pueden hacer, claro está, si apetecen -¿a quién no le apetece maldecir a Ratzinger?- Pero hacerlas para salirse del mapa [o, mejor dicho: para que conste en acta que se quiere uno salir del mapa] es meterse en el mapa de lleno. Como le dijo Mafalda a Miguelito en una gloriosa viñeta del gran Quino: si no estás en las estadísticas de los que ven la tele, estás en las de los que no la ven.

Sed felices, ¡coño! De eso se trata. Sentid, pensad y mirad hacia adelante [y hacia adentro], de vez en cuando. Disfrutad de cada cosa y no esperéis al día siguiente para daros cuenta de que fuisteis felices haciéndola. Respirad, respirad hondo… cuando lo hagáis os veréis a vosotros mismos como siempre debisteis veros: como ese ser único y destacable que es como es, y le gusta: una manchita de un color único en un tremendo mar gris. La tesela, única e imprescindible, que hay en el centro de algún mosaico.

Cuidaos mucho, que sois el futuro.

lunes, 6 de agosto de 2007

Álamos...

La vida es tremendamente cruel. Cruel porque es rematadamente bella, pero extremadamente efímera y frágil.

Estoy desolado.

Tengo una amiga, 25 años, a la que han descubierto un linfoma inoperable de 13 centímetros entre ambos pulmones. Ella es inteligente, divertida y bellísima. Y está enamorada. Y acaba de echar a andar por esta senda ¿larga? para la que tanto y tan duramente nos preparamos todos, estudiando durante más de dos décadas, planificando una boda que anhela hace ya años, soñando, en fin, la vida que ahora se abría ante ella… Está llena de fe y no desfallece, aún después de que le hayan afeitado –ahimè- su rubia y larguísima melena. Es todo un ejemplo de ganas de vivir, y de cómo vivir. Y, aunque nos dicen que es posible que salga adelante, que responde bien al tratamiento, es muy posible que no viva mucho.

Decidme: ¿cómo se puede mantener la fe cuando la vida te golpea de semejante manera? ¿Cómo puedes, cuando estás ebrio de vida, cuando sientes intensamente, cuando todo te llena y finalmente respiras, asimilar que estás muriendo? No tengo respuesta. Sólo llanto. Mucho llanto. Y, aunque rezo, no estoy seguro de tener fe… porque no creo, en realidad, que vaya a reponerse.

Y yo, que os hablo de bobadas como mi silencio desvanecido, mi cansancio, ¡mi hastío!... ¿cómo puedo estar tan ciego? ¡Pero qué estúpido! Yo, que soy aún capaz de mirar adelante y esperar, yo que lloro aquí sentado, yo que vivo a raudales aunque en este pozo momentáneo a veces se me olvide, yo… ¿cómo puedo hablar de hastío? Yo, incluso así, incluso gris y plomado, siento amor sin estar enamorado, y respiro y me embriago de olor a tierra mojada y viento fresco bajo tormentas como la que ayer me tuvo despierto toda la noche, asomado a la ventana. Yo, que oigo música con sólo cerrar los ojos y encuentro en mil palabras el sosiego que me falta, yo… yo soy un bobo que olvida; un bobo que descuida su jardín y se oxida…

Perdonadme todos. Perdí la perspectiva. Y ahora, aunque sea a través del dolor de lo que adivinamos irreparable, recupero la intensidad de un sentimiento que me aferra a la vida. Nadie piense que es miedo de que me ocurra lo mismo, lo que me ocupa; no… Pero un dolor intenso, una punzada… el llanto, me recuerdan con violencia lo vivo que estoy, en realidad, bajo el moho… El dolor es también un ancla tremenda a la vida. ¡Lo inerte no tiene aflicciones!

Y me doy cuenta de que, el tiempo que estamos aquí es un tiempo en el que no deberíamos olvidar, ni tan siquiera un instante, precisamente eso: que estamos aquí, que somos, y que esto es un maravilloso y efímero regalo al que ofendemos al amputarnos la capacidad de sentir.

He sido necio… necio por olvidar, en todos los sentidos, esto que yo tenía tan bien aprendido –o quizá no tanto- No tenía –no tengo- derecho a olvidarme de que estoy vivo…

Permitidme, ahora, que llore mi llanto solo… os dejo los versos con los que Alberti tan lúcidamente pintó lo que yo quisiera poder escribir. Vosotros cuidaos mucho. ¡Más que nunca! sois, ¡y no sabéis cuánto!, el futuro.

Dejadme llorar a mares,
Largamente como los sauces.
Largamente y sin consuelo.
Podéis doleros…

Pero dejadme.

Los álamos carolinos
Podrán, si quieren, consolarme.
Vosotros… Como hace el viento…
Podéis doleros…

Pero dejadme.

domingo, 5 de agosto de 2007

Novedad...

Hola a todos.

He cambiado y mejorado el blog de fotos.

Espero que lo disfrutéis mejor ahora [aquéllos a los que interese, claro :-P]

LAS NUEVAS FOTOS DE LUDWIG

Cuidaos, que sois el futuro,

L.

Mejorando

“Stones taught me to fly,
Love taught me to lie,
Life taught me to die,
So it's not hard to fall
When you float like a cannonball”


Hay que independizarse. Definitivamente, emanciparse. Nunca desfallecer ante la adversidad, ni perder de vista que, en los momentos en los que todo se nos hace cuesta arriba, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

Yo mismo olvido esta lección con frecuencia. Soy bastante cannonball, yo, en este sentido. Y me dejo caer, en ocasiones, y dejo que me penetre ese gris sentimiento de abulia que hace que no pueda oírse el silencio desde donde estoy sentado. ¿Recordáis que os dije que hace tiempo que no escuchaba el silencio? Pues… bueno: aún no lo oigo con total nitidez, pero creo que, desde que he vuelto de mis vacaciones a esta casa vacía, voy avanzando, entre versos, pucheros y alguna buena canción, hacia el punto del que nunca debí haberme alejado.

El otro día: el viernes, comí con un buen amigo al que, por desgracia, cada vez veo menos. Hablando con él, mientras degustábamos un sushi que, por una vez, me supo mal y a poco, me di cuenta, al intentar formular una buena respuesta al ¿qué tal te va? con el que, inocentemente, me atacó, de que no me falta nada, en realidad. Que tan sólo he perdido la motivación [y no es poco, ¡pardiez!, no es poco]. He perdido, como por desgaste, esa motivación con la que yo, siempre, tradicionalmente, me enfrento a todo. Ésa que no necesita justificar el hecho de pasarme el día haciendo cosas que me gustan y que resultan incomprensibles a la mayoría de las personas.

Cierto… Me vendría bien alguien que me leyera la Historia de O…


Nothing unusual, nothing strange
Close to nothing at all
The same old scenario, the same old rain
And there's no explosions here […]

Nothing unusual, nothing's changed
Just a little older that's all
You know when you've found it,
There's something I've learnt
'Cause you feel it when they take it away
Something unusual, something strange
Comes from nothing at all
But I'm not a miracle
And you're not a saint
Just another soldier
On the road to nowhere”


Pero ésa es tan solo una de las cosas que deseo para mí. Y no puedo dejar que desplace a las demás y las aniquile. No puedo dejar que se apodere de mí esta ridícula sensación de inapetencia. No puedo permitir que una carencia me seccione las ganas de vivir que habitan en cada pequeña cosa –mil olores, sabores, sonidos, palabras- a la que dedico mi tiempo.

También me he dado cuenta de otra cosa: desde hace algún tiempo, cuando me siento a escribir, es como si la tinta del bolígrafo se hubiera secado. Tampoco escribo versos. Y, ¿sabéis? He tomado conciencia de que no escribir me aparta de sentir. Me pasa un poco como a Imre Kertész –salvando las distancias- Y es que si no escribo, aunque sólo sean cuatro bobadas, me ahogo. Y sin embargo, se da la paradoja de que no soy capaz de escribir porque siento un ahogo que me lo impide…

¿Qué fue antes: el huevo, o la gallina?

Creo, en verdad, que lo primero fue dejar de escribir. Y después se me echó encima toda esta losa de pensamientos –de sentimientos- sin digerir. Porque yo digiero la vida poniéndola por escrito en páginas inacabables. Y todo se me junta en un bolo imposible cuando no me siento a escribir: me viene el silencio por medio de las palabras…

Pero he llegado a la conclusión –es más que un propósito: es como una certeza- de que tengo que sacar fuerzas de flaqueza y seguir adelante, sobreponiéndome a este ánimo gris que no me deja respirar el alma.

Con palabras de Montale puedo intentar pintaros lo que siento...

Non rifugiarti nell’ombra
Di quel foltò di verzura
Come il falchetto che strapiomba
Fulmineo nella caldura.

È ora di lasciare il canneto
Stento che pare s’addorma
E di guardare le forme
Della vita che si sgretola.

Ci muoviamo in un pulviscolo
Madreperlaceo che vibra,
In un barbaglio che invischia
Gli occhi e un poco ci sfibra.

Pure, lo sentí, nel gioco di aride onde
Che impigra in quest’ora di disagio
Non buttiamo già in gorgo senza fondo
Le nostre vite randage.

Come quella chiostra di rupi
Che sembra sfilaccicarsi
In ragnateli di nubi;
Tali i nostri animi arsi
In cui l’illusione brucia
Un fuoco di cenere
Si perdono nel sereno
Di una certeza: la luce.


Que viene a ser… aunque las traducciones de verso deberían estar prohibidas:

“No te refugies en la sombra
De aquella verde espesura
Como el pequeño halcón que desciende
Fulmíneo en el calor.

Es hora de dejar el cañaveral
Fatigado que parece adormecido
Y de mirar las formas
De la vida que se desmorona.

Nos movemos en un fino polvo
Nacarado que vibra,
En un fulgor que deslumbra
Los ojos y nos debilita un poco.

Sin embargo, lo sientes, en el juego de áridas ondas
Que mengua en esta hora de desazón
No arrojamos ya en un remolino sin fondo
Nuestras vidas vagabundas.

Como aquella cima rocosa
Que parece deshilacharse
En telarañas de nube;
Así nuestros ánimos ardientes
En los que la ilusión consume
Un fuego lleno de cenizas
Se pierden en la tranquilidad
De una certeza: la luz”


[La traducción es mía… perdonad las inexactitudes que podáis encontrar.]

No se me ocurren palabras mejores. ¿Por qué intentar reproducir torpemente lo que un genio dijo tan magistralmente?

Confío en poder mantener este ánimo, y no sucumbir, durante la dura semana que me espera en el trabajo. Ya os iré contando. Por lo pronto, procuraré escribir cada día, a ver si así voy viendo algo más cerca la luz que vislumbro al final de este túnel.

Vosotros, entre tanto, cuidaos, que sois el futuro.

viernes, 3 de agosto de 2007

Barrocazo... y desideratum

Hola, queridos.

He desempolvado, de entre mis muertecitos, un magnífico repertorio de conciertos para trompeta barrocos –entre los cuales uno, magnífico, del maese Händel- [para el que esté interesado, English Chamber Orchestra, Sir Charles Mackerras y, por supuesto, a la trompeta: Maurice André (no hay otro igual)] Hacía lo menos cinco años que no escuchaba este disco. Y hoy, recién entrado del trabajo –no veáis qué infierno de día he tenido- me he sentado aquí, en mi pequeño cubículo lleno de libros y discos, y he pensado instantáneamente en estos conciertos y en sus constantes y barroquísimas fugas, vivaces y furiosas. Una dosis de “barrocazo”, como digo yo, en plan Louis XIV; genial, desde cualquier punto de vista, con una bebida fresquita, como corresponde a estos cuarenta grados que hoy acompañan.

Apenas unos días para mi cumpleaños. Adiós a los veintiséis. Y amén, porque, la verdad sea dicha: han sido bastante birria. Empezaron, no diría yo que mal, pero de refilón. Han dado para mucho. Pero para mucho, mucho. De hecho, yo diría que los años cada vez dan para más [bueno, matizo: para más en algunos aspectos, para mucho menos en otros] Pero, de todo lo que han dado, si tuviera que mirar el remanente, me queda apenas un buen ascenso y una subida de sueldo. Que no es que me queje, ¡vive Dios!, pero es que ese tema era pescado vendido y estaba más claro que el día. Sopresa cero. Y, de todo lo demás: de todo en lo que yo había puesto un poquitito de ilusión –no digo ya de empeño- no hemos conseguido nada. Ni un poquitito.

Lo dicho: a ver si los veintisiete –que ¡mira que es feo el número!, ¡veintisiete!- dan para algo más. Alguna cosa más por la que reírme, y algún disgustito menos.

No, no... cierto: no he sufrido grandes desgracias. ¡Y toco madera! Sólo he tenido bastantes decepciones y más de una conversación desagradable que preferiría no tener que haber mantenido. No es material como para tener derecho a quejarse, me diréis. Y probablemente tengáis razón. Pero, ¡oye!, cada uno se queja de lo que le toca, y yo me quejo, precisamente, de que, cosas buenas, me tocan pocas, por no decir prácticamente ninguna. Y mirad que, a mí, para ser completamente feliz, me basta con cosas muy sencillitas...

Este nuevo año quiero que alguien me llame, de repente, para llevarme [nótese que digo llevarme, y no “ir” como acción conjunta, no: yo quiero que me lleven] a la ópera [¡o al ballet!], y luego a cenar, a un lugar especial y nuevo. Y que me cuiden un poquito y se preocupen por mí, aunque sólo sea un ratito. Quiero quedar a tomar café con alguien que sepa contarme un cuento, y me lo quiera contar despacito, como se cuentan los cuentos cuando cae la tarde, quedo, quedo... o quedar con alguien que me lleve a un lugar que le resulte especial, y me lo enseñe, en silencio, y sentarme a mirarlo, mientras se hace tarde... Y quiero que alguien me regale flores. ¿Por qué nadie nos regala flores a los hombres? Quiero dormir... y poder volver a asomarme a un Código Civil con una sensación que sea distinta al hastío. Quiero que suene el teléfono y, al otro lado, me hablen en francés con voz de mujer, y me canten, al oído, watch what happens, o my funny valentine o come fly with me o tantas otras. Además, para quien quiera cometer excesos, os comentaré que quiero también alguien que, de repente, me abrace como si fuera pequeño, y me haga sentir tranquilo y calentito. Quiero que alguien me haga una tarta y me la traiga, por sorpresa, un día cualquiera, sin nada que celebrar. Quiero, sobre todo, alguien que me haga reir como antes, a carcajadas, hasta que duela, y poder ponerle ilusión a algo –a lo que sea- desde el principio, como al principio, por tonto que sea.

No me malinterpretéis, ni os preocupéis, –de nuevo, os digo- que no estoy triste. Estoy, tan sólo, abúlico, y eso es ya suficientemente malo en sí mismo. Ganas de vivir no me faltan. Au contraire!. Lo que me falta no sé bien que es… igual es que me sobra algo.

Vosotros suidaos mucho, que sois el futuro.

jueves, 2 de agosto de 2007

Die Entdeckung der Langsamkeit....

Me duele un ojo. La verdad es que es bastante normal que me duela, aunque sólo sea porque tiene un color tirando a bermellón que preocupa. Y yo, que creo, quizás algo ingenuamente, que para estas cosas es mejor no forzar la vista, he aterrizado de mi viaje siciliano para dar con mis huesos en una revisión documental que quita el hipo y que va a pulverizar, no ya la jornada intensiva que yo me prometía tan feliz, sino también lo que me queda sano del ojo izquierdo. ¡Y yo con estos pelos!

Ya dijo Marisol –ahora Pepa Flores- que la vida es una tómbola. Yo, señores, desde aquí, dejo de comprar boletos porque, ¡madre mía!, me ha debido mirar un tuerto. Con este arranque de buena suerte que tengo desde hace unos seis meses, casi mejor me apeo de la burra, no vaya a ser que, descoyuntado como viajo ya por el destartalado trote de esta pollina, salga encima despedido de la grupa en una curva, y me cocee además la borrica después de dejarme, en la caída, los sesos estampados en un canto.

No, no, amigos. No exagero. Y ya saben, la mayoría, que lejos de ser andaluz, soy castellano, aunque de los simpáticos. Lo que pasa es que mi vida es cada vez más supercalifragilísticaexpialidosa. Tanto, pero ¡tanto! que hace tiempo que pienso con añoranza en Bruselas, soñando que allí –ay de mí- vivía mejor.

Y, hombre, mejor vivía, cierto es, en muchos aspectos; pero el que me conoce bien sabe que, a mí, los belgas, me ponen un poquito de los nervios, porque no acierto a entender de qué está hecho el serrín que llevan en la cabeza. Imagine pues, el lector, cómo de harto habré de estar de este giro de mi fortuna si ando melancólico de mis flamígeros y felizmente pretéritos tiempos.

¡Gran deporte español, éste de quejarse! Pero, ¿y lo que se ahorra uno en psiquiatra?

Ya ni Chopin me calma, ¡qué pena! Y este calor... este calor que le chupa a uno las fuerzas... hay que hacer verdaderos esfuerzos, en días como hoy, para mantener la moral al nivel que se necesita. ¡Ay, mi ojo! Con lo ricamente que estaría yo ahora, en un lugar fresquito, en París, en otoño, o en Buenos Aires mismamente, ahora que allá es invierno, y es un lugar que no conozco, dando un paseo; en silencio, o con alguien que me hable quedo y de nada demasiado mundano, que me hablase de las cosas del alma, despacito, un poco como le hablaba Rilke a Kappus.

Nada de papeles, nada de teléfonos. Sin calores y sin prisas. Una mano y el viento. Y los ojitos cerrados y, quizás, algo de lluvia fina. Así quizás me doliera también algo menos este ojo. Desde luego, me dolería menos el alma. Y eso ya sería mucho.

Vosotros cuidaos mucho, que sois el futuro.

miércoles, 1 de agosto de 2007

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Hola a todos.

Perdonad la ausencia. Me fui de viaje. A Sicilia, una temporadita, que falta me hacía una pausa. La he recorrido entera y, creedme que es decir mucho, que la isla es tan grande como Bélgica, y hay mucho que ver. Y sí, he pasado calor bajo mi Stetson, pero he disfrutado mucho, comido bien y leído buenos libros. ¿La espina? Bueno: hay varias, pero la peor es no poder haber visto una de Rossini en el Teatro Massimo de Palermo; Sold out, those bloody tickets.

Y sigo. Sigo sin encontrar el silencio. No sé dónde lo dejé, la verdad; ni cuándo. Es cruel, además, este intervalo, porque a veces, fugazmente, lo escucho sin poder aferrarlo; lo siento en un momento, detrás de algún objeto, o agazapado en una nota sostenida, pero sin llegar a poder tocarlo. Aguzo el oído, y la vista, pero no me alcanzan… No. No sé qué pasó, ni cuándo, pero se me calló el silencio en algún punto.



Recuerdo oírlo latir, impetuoso, hace no mucho, apenas hace un año, encerrado en mi Fiat Punto, en la forma de las sublimes Façades de un Philip Glass glorioso, por los campos de Baviera, ocres de agosto en la retina; también a los pies de la imperiosa efigie de Smetana, a orillas del Moldava, mientras daba cuenta de un tonic&gin bien frío, asido a mi lapicero y mi cuaderno, el sol detrás de San Vito; en besos apagados también, más tarde, incluso si eran exentos los besos, o apócrifos –también existen esos besos, los apócrifos, y también en ellos hay, a veces, silencio a raudales-
No hace mucho, por tanto, de aquello. ¿Dónde se me quedó el silencio, si ya en Nubia no lo llevaba conmigo? Quiero poder oírme respirar, en el fondo. Poder mirar a una mujer como Antonio Dorigo miraba a Laide en el Teatro alla Scala, o a sus compañeras; sentirlo, sentir cada cosa como lo cuenta Buzzati, como lo sentía antes. Antes. Antes no sé muy bien de qué… Antes.



No me entendáis mal. No estoy triste. Es como si ni siquiera fuera capaz de estar triste [No quiero ver el Otello, por si no lloro. Y eso sería como amputarme algo tan mío como un dedo.] Con esto quiero decir que no necesito apoyo emocional, ni soulagement de ningún tipo. Es, sencillamente, como si se hubiese secado el río y me hiciera falta una buena e intensa estación de lluvia... Pero, ¡hey! Quizás después del chaparrón vuelva a oler a tierra mojada por aquí, y vuelva a oírse palpitar el suelo. Como veis, incluso así, mi vaso está, como siempre, medio lleno. No hay de qué preocuparse. Además: sigo rezando, y eso es buena señal. Mueve montañas, dicen.

Cuidaos mucho, que sois el futuro.

viernes, 8 de junio de 2007

Un cuaderno

¡Hola a todos! Abandonados os tengo, ¡pardiez! Creed que lo siento, pero ando algo ocupadillo últimamente. En fin: entre amigos no hace falta disculparse demasiado, ¿no?

El lunes estuve en Londres, dando un paseo [tenía que despachar unos papeles por la mañana y decidí pasar el resto del día recorriendo librerías y paseando de whitehall a Covent Garden] Aquí os pongo una panorámica de la House of Parliament. Ya, ya sé que es un cliché, pero a mí me encanta, ¿qué queréis que os diga?


Una maravilla de día, porque el papeleo acabó temprano [apenas eran las diez y media de la mañana en Londres] y me quedaba todo un día espléndido a gastos pagados [menos por los libros que, claro, los pagué yo] para pasear y recordar tiempos pasados, quién sabe si también mejores.

En cualquier caso: arramplé con Charing Cross Road y me traje una docena de libros, algunos de los cuales rozan la enfermedad por mi parte. ¿Y qué? Libérrimo soy de gastarme los cuartos en lo que me dé la gana; además: los libros no son un gasto; son una inversión.

El resto de la semana, de acá para allá, haciendo mil cosas, jugando a los abogados y un tanto desquiciado con algún que otro cliente esquizofrénico. He sobrevivido y ha llegado al viernes. Ahora, después de mi sesión de yoga, y tras haber vaciado una taza de té [no: este no me lo traje de Londres: me aprovisiono en Madrid] me he puesto a buscar un cuaderno en blanco para empezar a escribir un proyecto que tengo entre manos [éste académico, o doctrinal, si lo preferís] Ya os contaré. El caso es que ya no me quedan cuadernos que comenzar. Mi tarea tendrá que esperar a mañana [¡mil millones de demonios!... ¡y tú cállate ya, Murphy!]

Más cosas: ésta en forma de recomendación para mi amiga Pé, y aprovechando para contestar la pregunta con la que vienen asaltando algunos desde hace algunas semanas. ¿Cuál es la canción del anuncio del Fiat Bravo? Pues sí, sí... Ludwig se la sabe. Se trata de una gran cantautora italiana llamada Gianna Nannini: una mezcla entre Luciano Ligabue y Luz Casal que a mí, personalmente, me encanta. La canción en cuestión se llama “Meravigliosa Creatura”, es una versión de sí misma que forma parte de su album “Perle”.


Os recomiendo este álbum [Perle]: en mi opinión, el mejor: un disco en el que relee doce de sus temas más clásicos en versiones totalmente distintas de las "originales": mucho más maduras, acústicas y trabajadas. Los otros dos discos que yo tengo “Grazie” y “Pia come la canto io” son un tanto más rockeros y menos acústicos. Para gustos, colores, pero bueno: no os quepa duda de que los tres discos son material de primera. A mí, los textos, me parecen dignos del inigualable Paolo Conte, no os digo más.

Con esto os dejo. Ya vendré a rondaros con más cosas. Por lo demás, sólo pediros que os cuidéis mucho, que sois el futuro.

L.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Lluvia

Qué loco está el tiempo, señores… no sé si está más loco Aznar o el tiempo, pero, claro, esto ya es otro cantar, y no es cuestión que debiéramos tratar aquí hoy, sobre todo porque ni el tiempo ni Aznar tienen solución. El uno porque, aunque conseguimo eliminar los CFCs, nos queda mucha mili hasta apagar todas las bombillas contaminantes [las de Franklin] y los pozos de petróleo; y el otro, por todo lo contrario: por tener todas las luces apagadas y por empeñarse en rodearse de esa gente que no quiere apagar los pozos de petróleo, sino encenderlos, ¡y a bombazos!

Pero bueno… hablemos de otra cosa, como decía, que si no acabaré enredado en una disertación antifascio, y no es a lo que he venido

Decía que el tiempo está loco, y claro, como soy un animalito asténico, me trae loco a mí también: ora la euforia soleada, ora el aplatanamiento de esta lluvia caliente que nos azota… loquito me tiene, ¡loquito!, aunque entiendo que el momento aguacero es un alivio para los miles de alérgicos que, ante el envite de unas gramíneas descocadas y del lenocinoso viento, llevaban varias semanas sin salir de casa, a mí, hipotenso y bradicárdico sin remedio, me mata, directamente.

Y en este intervalo cojo, de parón, dentro del binario primaveral que, en plan latido sincopado, me deja aturdido y tonto, me paro de pie, copa de Verdejo en la mano [bien fresquito] y una pipa humeante, en la terraza, a oir llover entre las notas de un sobadísimo concierto para clarinete de Mozart... es como si se parase el mundo... tic-tac, tiiic-taaac, tic... [y ¡pum!... ya no hay tac... sólo lluvia y clarinete... hmmm....]

Me viene a la mente hacer algo que tengo por norma no hacer –de hecho, los que me conocéis bien sabéis que tengo auténtica aversión por ello y que, de hecho, no lo hago ni por san Silvestre-: una lista de propósitos. Pero, ¡son tan difíciles de cumplir, los propósitos! ¡y ya es la vida suficientemente complicada!... no lo sé... los propósitos son de un papel especialmente sensible al agua y suelen quedar desperdigados por los salones, como masas babosas en las que apenas se distingue el texto, decolorado y corrido, que adivinamos debió en algún momento haberse podido leer. Pero, ¡qué carajo! ¿qué me decís? ¿lo intentamos?

Callad... callad, que para esto me hace falta un hilo musical distinto... a ver...

¡Bueno! Espero no haberme equivocado... el caso es que Mozart suena bien con la lluvia. Le he dado una oportunidad a Schubert y a su “Auf dem wasser zu singen” [Dieskau, claro, por supuesto]

Bien. Veamos

(i) Empecemos por algo fácil: escuchar más a esos pobres muertitos abandonados de la fonoteca con los que tanto disfruté hace años y a los que soy tan infiel.

(ii) Escribir. Pero de verdad. Con locura.

(iii) No seré tan necio como para poner “volver a cantar”. Eso ya, me temo, es parte de mi pasado. Canturrear sí, claro, siempre, pero cantar... No, no... ese propósito se convertirá en baba mojada seguro. Veamos... Leer más. Sí. Mucho más: como antes... libros de esos que no se acaban nunca. ¡A mí Dumas!

(iv) Empeñarme en seguir cocinando, aunque sea poca cosa, y cenar cada día, cuando deje de llover, en mi terraza, a media luz, con un vinito.

(v) Yoga cada día antes de irme a dormir. ¡Fundamental!

(vi) Uno superficial, pero importante: seguir yendo al gimnasio cada día a mover un poco el cuerpo ese que saco todo enmohecido del despacho.

(vii) Matricularme en un curso de algo que se haga con las manos [este para septiembre, claro... ahora no es momento]

(viii) Invitar a cenar a esa chica y dejarme de tonterías ya de una vez, que parezco subnormal.

(ix) Como excepción al preámbulo del (iii), cantar, siempre que me lo pidan. Y si es Schubert, mejor [no me lo pidáis mucho, que hace largo que no canto]

(x) Mirar más hacia delante. Literal: sentarme en una silla y mirar al vacío un poquito. Es algo muy sano... en serio os lo digo.

Con diez vale ya, ¡leche! Si llego a cumplir cinco será un año fructífero. Desconfiad, no obstante. No se me da bien cumplir listas. Soy un poco Jeckyll y Hyde, e igual la lista que haría mañana sería totalmente distinta, llena de fotografía, pintura y libros de derecho. Hoy, sin embargo, con el sonido de la lluvia, es esta la que me apetece... algo querrá decir.

Os dejo aquí. Voy a escuchar un poco más esta mezcla de agua y Schubert. Luego, un poco de yoga, y a la cama. Ya mañana será otro día. ¡Y a ver si sale el Sol!

Cuidaos mucho, vosotros, que sois el futuro.

martes, 22 de mayo de 2007

A vueltas con las fotos...

¡Vaya! Llevo unos días de auténtica vorágine... familia tudesca por los Madriles y provincias colindantes, dándole al zapato con este sol de justicia [le dan a uno ganas de echarse al suelo como un perro, lengua fuera y todo, a la sombra de cualquier árbol, por poco frondoso que sea, y de quitarse los zapatos en plan “que sea lo que Dios quiera”]. Ahora ya, de nuevo la corbata –se fue el calor, ¡alabado sea Dios!- y las montañas de papeles y clientes de cotolengo que lo esperan a uno en la oficina.

La verdad es que ayer me enfrenté al día con una pereza superlativa. Nada de ganas de ponerme a revisar contratos, convenios empresariales con la República de Cuba y demás yerbas. Algo hubo que hacer, claro: que no le pagan a uno por tomar café; pero fue un día de esos que uno preferiría no haber tenido que sufrir. ¡Y eso que por la tarde mejoró! ¡Y mucho!, que me llamó la Condesa porque estaba cerquita de mi oficina y nos fuimos por ahí, de paseo, a gastarnos el sueldo y a cenar sushi.

La exposición de fotografía va bien, aunque aún no tengo fecha exacta y quedan aún algunos trámites de los que ocuparme –enmarcado y transporte aparte, me aconsejan colegas [colegas fotógrafos y colegas abogados] que me pase por el Registro de la Propiedad Intelectual, a cerrar el juego con llave y candado- Yo, la verdad, no tengo muy claro qué hacer, porque desde que me dedico al oficio de herrero, como cada vez más frecuentemente con cuchara de palo y me da una pereza cósmica hacer gestiones personales en los registros –amén de pagar tasas y aranceles a unos señores bastante sinvergüenzas que, sí, sacaron su oposición, no digo yo que no, pero que son la mar de cuadriculados muchas veces [la mayoría porque tienen demasiado dinero como para que les importe que lleves razón]-

He pensado que, a lo mejor, debería compartir con vosotros las fotos que habrá pronto en exposición. Estoy pensando si hacerlo desde la Galería de Ludwig, o si hacerlo por otros medios [flickr o similar] Os mantendré informados, si bien, claro, hay una “exclusiva” que preservar aún unos días. Sabed, en cualquier caso, que las fotos se venden, en formato 30x40 y enmarcadas, al precio que se indicará debajo de cada una. Si alguien está interesado, doktorludwig@gmail.com es un buen sitio para decírmelo. El que quiera la foto en un tamaño distinto, que lo pida, y veremos lo que puede hacerse [querer es poder, también os lo digo, jajaja]

Os dejo aquí una fotografía para muestra, y que no podáis decir que os dejo con los dientes largos.

Un mes más –bueno: seis semanas- y hago el petate a Sicilia. ¡No puedo esperarrrr!

Besos a todos. Cuidaos mucho, que sois el futuro.

L.

viernes, 11 de mayo de 2007

Jazz at work...

Tengo el día algo vago, no os voy a engañar. Llevo toda la semana con bastante lío. Ayer explotó el globo y hoy… mirad: ¡qué carajo! Hoy es viernes. Y estoy aquí, sentadito en el despacho, posponiendo de manera magistral lo que no es urgente –en castizo: dejando para mañana lo que podría hacer hoy- y escuchando a Diana Krall y a Harry Connick Jr.

El fin de semana promete. Hoy, por lo pronto, he cancelado mi clase de yoga porque pretendo dedicarme a preparar una exposición de fotografía –de mis fotografías- que tendrá lugar en Logroño bastante pronto [está prácticamente cerrado: sorpresa, ¿eh?] Después, paseíto por Madrid y concierto de los Strauss austriacos en el Teatro Real [delicioso, delicioso… sólo espero que no me enchufen la Marcha Radetzky al final… ¡no la puedo resistir!... tengo un trauma con ella, ¡vive Dios!]

Mañana, la Condesa, unos amigos y yo, nos vamos a Aranjuez, a pasar el día, a comer fresas y a ver el palacio y los jardines. Lo pasaremos bien, como Willy Fog, sin duda… siempre nos reímos mucho, la comandita de Aranjuez… y además, parece que hará buen día, y no tanto calor como está haciendo estos últimos días, que estamos achicharraditos, aquí en los Madriles.

[Cantando, en plan "chenchual atracativo"]The very thought of you and I forget to do the very ordinary things that everyone ought to doooo…..” [¡Diossssss! ¡¡Me chifla esta canción!!]

A propósito, queridos lectores: Thomas Quasthoff, el magnífico barítono-bajo alemán, ha sacado, con la Deutsche Grammophon, un disco que es, directamente, una de las mejores joyas del mundo discográfico de los últimos 25 años ¡ahí es nada! Y lo digo con toda la firmeza del mundo, conste en acta. El disco se llama “The Jazz Album: Watch what happens” y es una incursión de este gran cantante en el jazz, en plan crooner, con un resultado sobrecogedor, y un gusto exquisito. Aceptad la sugerencia. Es, auténticamente, lo mejor que he oído en muchos, muchos años.





El domingo, por el momento, estoy sin planes. Acepto casi, casi, cualquier proposición. Anything in mind? Una merienda en casa Ludwig podría ser una opción suculenta. Os podría hacer unos petits-pains au chocolat [napolitanas de chocolate, en castizo] calentitos, recién horneados... de esos que hace el tito Ludwig, tan ricos... vosotros diréis....

La primavera tardía, el verano, el sol, me ponen de buen humor y, además, despiertan algo dormido en mí...

En fin, pequeños: disfrutad del fin de semana, y sed muy felices, que es lo que cuenta. Y no olvidéis de cuidaros mucho, ¡que sois el futuro!

domingo, 6 de mayo de 2007

Rebuscando encuentro

¡Hay que ver la de cosas que vamos acumulando con el tiempo! Apenas hace un año que me compré el equipo con el que ahora os escribo: nuevecito, ¡una maravilla!, y espacio como para no tener que volver a borrar nada [o, al menos, eso es lo que creía yo]

El caso es que esta tarde me he acercado a comprar un disco duro de 320 Gb más, porque, directamente, no quepo. Y es que, ahora que la música se compra en iTunes [o similar], las fotos se hacen digitales, y demás yerbas, resulta que en menos que canta un gallo te has cepillado un disco duro de 200Gb tú solito, ¡y en menos de un año!

Sorprendido; sorprendidísimo, me ha dado por navegar en las entretelas magnéticas del disco principal del ordenador. ¿Resultado? He encontrado de todo. Era consciente de que lo tenía, sí... pero no me daba cuenta de que son tantas cosas. Por lo pronto, varios miles de fotografías, y algunos montajes hechos con las mismas. Uno, de mis favoritos, lo colgué en la Galería de Ludwig hace muchísimo tiempo. La mayoría de los lectores no debió llegar a verlo porque la herramienta era demasiado rupestre y demasiado lenta. Quizás hoy, con la cantidad de sites que hay para intercambiar video, resulte más sencillo [disculpad que no lo suba a Youtube, por razones evidentes] Aquí os lo pongo, a continuación, a ver si funciona bien y podéis verlo.




Por lo demás, más de lo mismo mientras intento volcar este exceso gigantesco de datos en el disco nuevo, para darle un respiro al disco principal.

Penélope, querida... el otro día me pedías que te hiciera la gauchada [no tengo ni remota idea de lo que quiere decir esta indígena palabra guaraní] de compartir contigo algo de Chopin... ¿Quién soy yo para no complacerte?, dime... Gauchada o no, aquí va la Chopinada Pero, si me permites, en lugar de la Barcarola que me pedías, te mando mi Vals favorito [Núm. 2 del Op. 64], a las manos del mejor de entre los mejores: Vladímir Askenazy. A ver si te gusta -ya me dirás- Del Nocturno en Fa#M te recomiendo la lectura de tu compatriota Barenboim, que es muy buena y... si te sobra el dinero, mi admiradísimo Yundi Li tiene también algunos Nocturnos en el mercado a muy buen precio [al menos a este lado del Atlántico] No me suena el Fa#M esté entre mis tesoros, pero es posible que lo encuentres.


Powered by Castpost

Los demás, sed felices y comed perdices y, si no la conocéis y os sobra el tiempo, daos una vuelta por la Galeria de Ludwig y echad un vistazo. Navegad un poco, que lo que se ve a primera vista no es lo único que hay.

Yo, por mi parte, como hoy es día de la madre, voy a hacer los honores y a comer con la mía. Vosotros cuidaos mucho, que sois el futuro.

sábado, 5 de mayo de 2007

Lo mejor de muchos... ¿lo mejor de hoy?

Llevamos una época -ya va para el decenio- en la que lo original está de capa caída. Se observa en la tele, en el cine... incluso en la literatura: a Occidente se le ha acabado la originalidad; todo son remakes, refritos, reposiciones y, en general, todo lo que comience por "re", incluidas las reinvenciones.

En este tourbillon de revivals que a mí, particularmente, me amarga un poco, hay algo nuevo [nuevo... de aquella manera, pero nuevo, al fin y al cabo] que, por primera vez en bastante tiempo, me parece excelente: fresco, equilibrado y muy, muy sorprendente, a pesar de lo sobado de algunos de sus recursos.

Os hablo de una nueva sensación musical. Un británico que, lejos de ser original, ha sabido combinar lo mejor de muchos -lo mejor de varias generaciones, de hecho- para hacer algo fantástico... muchos lo conoceréis ya, sin duda, porque ha arrasado, literalmente, en la escena internacional, aunque en algunos circuitos por los que suelo hacer cruising musical, lleva meses sonando:

MIKA y su Life in Cartoon Motion



No creo que sea injusto [como tampoco creo que sea desmerecer el magnífico trabajo que ha hecho] decir que la música de este joven británico de look poderosamente Jim Morrison y movimientos 100% Jagger recopila lo mejorcito de la tradición británica y europea de los últimos veinticinco años y, lejos de hacer un popurrí infernal de temas gastados, hace suyos muchos de los recursos de grandes estrellas europeas para dar como resultado un coktail sesacional y fresco que iba haciendo bastante falta en este mundo de bisbales.



Hay en este Life in Cartoon Motion mucho Queen, algo del mejor y más clásico Elton John, bastante Wham -de hecho, los recursos vocales de Mika son la perfecta combinación del antiguo Reggie Dwight (Elton), Freddie Mercury, George Michael y el ubícuo y todopoderoso Robbie Williams [sin dejar de lado el ya clásico falsete de Prince, que resuena en más de un tema]- una polifonía multivocal que no sé si me recuerda más a Queen o a Abba, algún eco ochentero/principios de los noventa, tipo Shivaree y, dicen los entendidos, bastante de Scissor Sisters [aunque lo veo, no me parece lo más influyente] En algún tema se encuentra un espléndido toque Ace of Base [Take it Easy] e incluso, si me apuráis, alguna reminiscencia Roxette [en Love Today o Billy Brown]

Si me preguntáis, lo mejor del disco es el ya conocidísimo "Grace Kelly", "Lollipop" y un temazo simpatiquísimo llamado "Big Girls (you are beautiful)", aunque "Billy Brown" no tiene desperdicio.

En resumen: magnífico aire fresco en una tendencia que se va abriendo paso, con emergentes figuras como Jem o aquel brillante conjunto sueco que rompió con su "We're from Barcelona". No hemos descubierto América a través del eclecticismo, pero... lo que es bueno, es bueno. Y, en este caso, hablamos de un disco excelente.

El que no me crea tiene aquí, para muestra, un botón (o dos)





Cuidaos mucho, que sois el futuro.

De nuevo por aquí...

Bueno... Esta es la sorpresa que os estaba reservando. He decidido volver a Blogger -mis amigos de ya.com me lo ponían demasiado difícil y poco versátil y, la verdad, no se puede empezar a escribir un blog con pereza y dificultades técnicas por delante. Este post es una recapitulación de lo poquito que hemos estado diciendo en el Mecum Ipsum de ya.com... un poco porque, si comenzase aquí de nuevo, con este nombre, sin dar entrada a lo anterior, sería algo un tanto bastardo: como un adulto sin niñez, o ago así.

De modo que aquí va, un burdo copy/paste de todo lo que hemos dicho hasta ahora (menos mal que no era mucho...)

______________________________________________________________

Martes, 24 Abril 2007 13:34
Noticias... buenas

A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed:

Que Ludwig se ha desintoxicado de sus últimos y apesadumbradores males y que está, al menos aparentemente, de vuelta en el carril.

Decidí el domingo pasado –un domingo de mayo en abril: una gloria de día, en verdad: ¡qué sol! ¡qué alegría!- mientras paseaba con mi perro por los montes madrileños, que esta vida un tanto desordenada que se me había impuesto aprovechando una bajada de mis defensas vitales, de mi ánimo invernal –que es , ya lo sabéis, tradicionalmente bajo, por el gris, que me afecta- y de mi supino exceso de trabajo desde que volviera de tierras nubias, tenía que acabarse. Que Ludwig es más fuerte que todo eso y que ya estaba bien de niñerías y bobadas, que la vida es muy corta como para andarse perdiendo cosas.

Solución: Ludwig ha vuelto al gimnasio –lo había abandonado últimamente: ahora muero de agujetas-; ha decidido ponerse (sólo un poquito) a dieta, para acompañar la acción del gimnasio, unas semanas; se compró ayer, día del libro, una edición estupenda de Los Gozos y las Sombras, del amigo Ballester, que es una maravilla que leer en la playa –la semana que viene me voy unos días a despanzurrarme al sol- y las obras completas de Chopin –compra compulsiva, porque yo lo valgo, que ya tenía casi todas las obras, pero esta viene con unos veinte CDs adicionales con grabaciones históricas de 1928 a 1976, entre ellas alguna del amigo Rachmaninov intuitu personae… es estupenda, estupenda-; ha vuelto a practicar yoga antes de acostarme, por lo que vuelve a dormir bien; y ha comprado un montón de óleos nuevos para seguir pintando, además de algunas arenas para texturas: veréis qué bien…

Tengo trabajo. Mucho… pero Miliki diría que no le importa, porque lleva torta y… decidme: ¿quién soy yo para contradecir a Miliki? Ya vendrán tiempos mejores. Aunque ahora lleve tiempo en un pico de trabajo, en realidad vivo bien y mi trabajo me gusta. Además, mi jefe me ha propuesto para una doble promoción este año y, claro: con el nuevo cargo vienen muchas ventajas –económicas, principalmente, pero también laborales, y de tiempo-

Tengo proyectos, de nuevo. Y viajes en mente. Totalmente organizado mi viaje a Sicilia en julio, estoy pensando en otro par de viajecitos europeos después del verano. Por lo pronto, ahora, el viernes, después del concierto de Les Luthiers (sí, sí: ¡conseguí entradas!) me voy a descansar unos días al sol. A leer, a pasear y a comer pescado fresco.

Tutto di nuovo sotto controllo… Ci sto… e, signori: ci rimango

Cuidaos. Cuidaos mucho, que sois el futuro. Nos seguiremos viendo, claro. Y de nuevo, espero, más a menudo.

L.

__________________________________________

Viernes, 23 Marzo 2007 20:34
Del viaje de Ludwig...

No sé qué es, últimamente: qué es lo que se ha apoderado de mí. Me cuesta entenderlo, porque es como una bestia gris que muerde en la zona en la que me habita todo lo que soy. Un animal del que no puedo desprenderme; del que no quiero, quizás, tampoco, deshacerme del todo, en un ataque furibundo de automutilación que, absurdamente, a veces, se me antoja necesaria: un camino, quizás, hacia... hacia... ¿qué sé yo, aquí sentado? Yo miro a mi alrededor, cuando mi otrora adorado silencio deviene atronador, a las cosas que siempre me recuerdan, aún hoy, que todo esto merece, como siempre, la pena; cierro los ojos y me doy cuenta de que todo –yo- sigue –sigo- aquí, pero... como dentro de un letargo, de una vaina extraña que no termina de abrirse para dejarme ver...

Vuelve Ludwig cuando abre la ventana y es la hora de las sombras largas –su favorita-; vuelve cuando suenan los viejos conciertos para piano de un Mendelssohn adorado y polvoriento; vuelve cuando redescubre el repiqueteo de las teclas de la vieja Adler y surgen, poco a poco, garrapateadas, las líneas; vuelve cuando la piel se encoje en el frío al salir de la ducha caliente, y cuando surge la imagen sobre el papel fotográfico, como por arte de magia... pero luego, rápido, raudo, se me va... se me va y se lleva consigo la quietud, los cinco sentidos, los poros abiertos, la sístole... ¿Dónde va? ¿Dónde se queda?...Nescio... sed sentio fieri et... excrucior...

Ludwig es feliz. Es, precisamente, lo único que es... el motivo que mantiene al Agilulfo que hay en él con vida... Yo, ahora, aquí, no estoy seguro de ser feliz. Y no soy, ergo, Ludwig hoy.

Recupero, sí, la fe, cuando una amiga lejana cuya voz apenas imagino me descubre algo nuevo –mi mancherai... qué bello, Pé. Mil gracias- Cuando descubro un nuevo motivo en el interlineado de un poema de los Huesos de Sepia de Montale, o en la nota de algo que, hasta ahora, nunca había escuchado –o que había escuchado, sencillamente, con otros oídos-. Esta es la fe a la que me aferro para creer que Ludwig, el que sólo es, volverá, en su armadura esplendorosa, a salvarme de este estúpido Gurdulú en el que, a veces, me convierto.

Necesito creer que Ludwig es real. Se me desvanece, os lo aseguro... y sin él, yo... sencillamente no estoy muy seguro de saber quién es el que os escribe desde este pupitre.

Menuhin, Kempff, Richter... Gabo, Calvino, Lorca… Montale, Alberti… me susurran, a veces, recordándome quién era...

Rezo. Para que no sea un espejismo; para que haya valido para algo más que para alejarme. Para que, pasada la tormenta, los versos de Schiller vuelvan a tener un significado y pueda volver a gritarlos al aire...

Mientras, me asomo a la ventana y, justo en este momento, cuando la luz rojiza anuncia el cambio de turno, suena la Pavana y veo, allí a lo lejos, la sombra inconfundible de Ludwig: chaqueta, bufanda y pipa. Si va, o viene, no os lo sabría decir: no lo veo desde aquí...

Vosotros, no os preocupéis mucho. Cuidaos, eso sí... cuidaos mucho, que sois el futuro.

_____________________________________________________________
Miércoles, 14 Marzo 2007 20:45
Amigos, Jazz... y humo

Un amigo... dos amigos... tres amigos, si cuento con una inesperada [e inequívoca] demostración de amistad, hicieron del pasado fin de semana algo bastante grande. Grande porque, aunque pasé mucho tiempo reencontrándome con una parte de mí que estaba hibernando por la falta de sol, gocé de muchos momenos de... de... de compañía, en el más amplio sentido de la palabra –compañía, incluidos los aspectos espirituales del término, vamos-

Cené con un consagrado amigo el viernes, en un plan un tanto improvisado que, como suele ocurrir en estas ocasiones, pasó de la excelencia. ¿Lo singular, tieniendo en cuenta que es un amigo al que veo frecuentemente? Que me escuchó. Que reconoció mi necesidad –tácita... en mí siempre es tácita esta necesidad, cuando existe- de ser, por una vez, el escuchado. Hubo, además, comprensión –lo cual ya trasciende lo habitual insospechadamente- alcohol [el justo y necesario, en forma de vino, primero, y de tonic&gin después], algo de humo y una noche nada fría, que hizo las delicias del lado nocturno de vuestro Ludwig favorito.

El sábado consistió en un día de “automimo”, en el que me consentí una serie de caprichos –todos, como casi siempre, de entre las cosas más sencillas accesibles al hombre, que son, en realidad, las mejores- Paseo por el sol de mañana temprano, té, unos libros –versos de Catulo, ¡qué divertidos!, y algún otro que me reservo- un lapicero y mi cuaderno hasta que, casi por sorpresa [digo “casi” porque, quizás, era de esperar], una vieja amiga me llamó para invitarme a comer a su casa que, por avatares de esta vida loca, está apenas a un par de manzanas de donde yo me encontraba. Acepté, encantado, y quedamos en vernosun par de horas después.

Cuando llegué, casi a mesa puesta, y ante mi maravilla por lo que ante mí se desplegaba, confesó haberme llamado desde una tienda en la que compró, una vez hube confirmado mi asietencia, todas las cosas que sabe que adoro comer. Todas en la mesa [opíparo, sí, y delicioso] y con mi vino favorito. Cuando le pregunté por qué se había tomado esa molestia me dijo, muy castizamente: ¡coño! Porque te quiero, y... para una vez que nos vemos.... Ante esto, señores: sin comentarios (snif).

También esta amiga mía me escuchó el sábado. Me prestó, no ya atención, sino aliento. Y, para cerrar el círculo –como decía mi ex- aportó soluciones. ¿Insólito? No... supongo que esto, entre amigos, es hasta normal. Me llamó el lunes, el martes y, de nuevo, me ha llamado hoy, para ver cómo estoy y para recordarme algunas de las cosas de las que hablamos el sábado.

Después de la comida corrió el pacharán. Después del pacharán, el chocolate. Un cine, una pipa, más risas y a cenar, de vuelta en casa. Justo lo que necesitaba: un día de complicidad. Un día con un amigo.

Lo demás, las otras cosas, me las guardo para mí... que hay cosas que no se deben prostituir contándolas por escrito –esto también lo aprendí hace poco-

El domingo corrí por el campo con un perro, bajo el sol... Más Ludwig.

Ya estoy mejor... mucho mejor. Hoy Tyrell no me parece triste. Y ayer leí a Montale y no lloré al leer aquello de “[...] il tuo aspetto s’insinua nella mia memoria grigia / schietto come la cima d’una giovinetta palma...

Sí... sí... ya estoy mejor. Vosotros, en lo que os toca, cuidaos mucho, que sois el futuro.

______________________________________________________________

Domingo, 4 Marzo 2007 10:38
Más de lo mismo.. y Rilke

Ya sabéis, la mayoría, que además de un melómano algo enfermo, soy un operamaníaco como los hay pocos sueltos por la calle sin camisa de fuerza. Noblesse oblige, mes amis..., ¡cuánto más si todo lo que me rodea enloquece con el cuarto centenario de la creación de este género musical!

El viernes tarde-noche me dediqué a ver lo que los macarras yankees denominan el CavPag: ossia, la Cavalleria Rusticana y los Pagliacci, en sesión doble televisiva, en directo, desde el Teatro Real de Madrid [qué maravillosa es La2, de Televisión Española, dicho sea de paso]

Fue un atracón que dio gloria, porque, aunque el director de escena, GianCarlo del Monaco [hijo, por cierto, del gran tenor Mario del Monaco] hizo un montaje un tanto inusual, en plan canteras de mármol y el prólogo de Pagliacci precediendo a la Cavalleria, debo decir que me encantó. Espléndida la Santuzza [una maravilla] y, ¡en escena desde el principio!, ¡desde el O Lola ch’ai di latti la cammisa!... No tan fino el Turiddu, pero suficiente... y ¡los Pagliacci!: María Bayo en su máximo esplendor: ¡qué Nedda!... El Vestí la Giubba que, me pareció, empezó sin mucho fuelle, terminó por conmoverme [si es que es de mis favoritas...¡ay!]

Prometía controlarme un poco –porque el otro día, en un acto de disposición patrimonial que bien podría calificarse de pura prodigalidad, considerando el desmesurado tamaño de mi fonoteca, me gasté un pastizal en una edición limitada y numerada del Orfeo de Monteverdi-, pero ¡claro!, ahora me viene ElPais y me vende una Traviata de la Callas antes de quedarse afónica y convertise en verdulera ¡por un euro! Sississí: ¡1€!: ¡más barato que un café! Y, claro... Ludwig ha sumado la décima Traviata de la fonoteca [ya tenía una de la Callas, pero en LaScala y con Kraus –ésta es con Francesco Albanese-] Un derroche, quizás... pero difícilmente puede calificarse un euro de derroche, ¿no créeis? Prometo no hacer el resto de la colección de la que esta Traviata no es más que el primer volumen [ya tengo todos los títulos de la colección, que si no...]

Por lo demás, entre canto y canto, no me quejo mucho. He decidido dejar de quejarme. Al fin y al cabo no vale de nada: es como clamar en el desierto o, como decía mi abuela, como lavarle la cara a un burro.

Ayer pasé una tarde de café vienés, pipa y Alexsandr Solzhenitsyn en el Ritz, tranquilamente y en silencio –aunque ayer, en concreto, el pianista del Ritz estuvo demasiado presente para mi gusto, y demasiado apegado a Sinatra- Fue una buena velada que no acabó como yo hubiera preferido pero... bueno: me voy acostumbrando [por la cuenta que me trae] y, además de que juré, hace ya años, no volver a enfadarme, acabo de prometer que voy a dejar de quejarme.

Empiezo, eso sí, a tomarme al pie de la letra aquello que le escribió Rilke al joven poeta [Franz Xaver Kappus] –por cierto: recomiendo la lectura de este libro a la gente con el alma grande- y, de hecho, se está convirtiendo casi en un motto vital, algo tántrico, incluso, que acabaré por reproducir y colgar de mi pared, para que no se me olvide:

“[...] por eso, mi querido amigo, ame su soledad, y aguante el dolor que le causa, con queja de hermoso son. Pues los que están cerca de usted, están lejos, dice usted, y eso muestra que ya empieza a hacerse una lejanía en torno suyo. Y si su cercanía está lejos, entonces su espacio ya está bajo las estrellas y es muy grande; alégrese de su crecimiento, en el que no podría hacer tomar parte a nadie, y sea bondadoso con los que se quedan atrás, y esté seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarse con las dudas, y sin asustarles con su confianza, ni con la alegía que ellos no podrían comprender. Busque usted con ellos alguna comunidad sencilla y fiel, que no se deba alterar necesariamente al hacerse usted mismo cada vez más distinto: ame usted en ellos la vida en una forma extraña, y tenga indulgencia con los hombres que envejecen, que temen la soledad en la que usted tiene confianza [...]”

En fin: como diría mi gran amigo húngaro: ennek meg kell lenni... muszei Yo sigo aquí... y se ha acabado el segundo acto de la ópera: voy a cambiar el disco.

Vosotros cuidaos mucho, que sois el futuro.

_________________________________________________________
Jueves, 1 Marzo 2007 23:45
Água mole em pedra dura...

Suelo decir a mis amigos con frecuencia que hay dos tipos de personas: (i) las que generan estrés; y (ii) las que absorben estrés. Esto, que es una verdad empíricamente comprobada, es perfectamente extrapolable a casi todas las cosas y, si bien algunos me tacharán de maniqueísta, no puedo sino contestar que son naranjas de la China y, ¡pardiez! reivindicar la validez de esta tesis...

Veamos, por ejemplo, otra manera de verlo:

Del mismo modo que antes, en el mundo hay dos tipos de personas: (i) aquéllas que los demás perciben como fuertes; y (ii) aquéllas que no son percibidas como fuertes. Cierto, cierto: hay subtipos, como por ejemplo, dentro de la segunda categoría, aquéllas que se presentan como débiles, frente a aquéllas que, sencillamente, no parecen especialmente fuertes.

Pero bueno: a lo que voy... El caso es que, cuando se pertenece a la primera categoría –cuando se es una persona que los demás perciben como fuerte- se reciben innumerables llamadas de socorro, quejas, llantos, peticiones de favores. A menudo lo llaman a uno para quejarse, o para pedir consejo o, sencillamente, para contar su vida y tratar de buscar un punto de apoyo, siquiera sea mayéutico, en esta vida tan caótica que llevamos todos.

Lo curioso es que nunca –y reitero- nunca, cuando se es una persona que los demás perciben como fuerte- se recibe una llamada preguntando, sencillamente, “¿qué tal?”. Del mismo modo, nunca se escucha una voz amiga que llame y diga, llanamente, y precediendo a un largo silencio: “cuéntame. Dime cómo te va, si hay algo que te aflige... y esto, supongo, porque las personas de mi primera categoría, no parecen necesitarlo nunca: ellos son fuertes, al fin y al cabo...¿o no?

Pues sirva este manifiesto para decir que no siempre es oro lo que reluce, amigos míos. No os descubro nada si os digo que a nadie le van siempre bien las cosas... y es que, incluso para aquéllos que normalmente sonríen desde un obstinado optimismo; incluso para aquéllos que son el báculo, o el confesor, de los que los rodean, las cosas, a veces, pesan demasiado y... ¿sabéis una cosa? Es mucho más duro, en estos casos, porque, no sé muy bien si por maniqueísmo o por un tristérrimo egoísmo –y me inclino más bien por esto segundo- a la gente de la primera categoría, nunca nadie está dispuesto a presarle un oído, un hombro o una mesa tendida.

De hecho: iré más allá, aquí, ahora que me canta Ruth Cameron aquello de “Something Cool”... cuando una persona de la primera categoría entona el Soccorso y pide ayuda, siempre hay una banalidad de los demás que es más urgente: una llamada, unos zapatos, un queseyó cualquiera es más importante porque... al fin y al cabo, las personas de la primera categoría saben cuidarse solos... ¿o no?

Pues quizás no... y es que llega un día en el que ocurre algo trágico, claro... la personita de la primera categoría, que es percibida como fuerte por el mero hecho de ser generosa de un modo que hoy en día sólo podría categorizarse de in extremis, prestando su oído y consejo en todo momento [incluso en los malos momentos] sin pedir nunca que lo correspondan, se harta. Ocurre algo trágico, digo, porque creo firmemente que darse es lo único que merece la pena de esta vida, y el hartazgo de mi pseudofuerte personita trae como consecuencia inevitable que deje de ser generosa.

Troppo tardi, amici... que ya entonces el mundo es más pobre y más llanura sin compás. El chacun pour soi descarnado y egoísta que es triste paradigma de hoy triunfa y... como diría Cela [QEPD], ¡a tomar por culo!

Por mi parte, mi vino, mi pipa y Silje Neergard cantando “Everytime we say goodbye”... Hay cosas que no cambian y, a mí, mientras huela a hierba fresca...

Cuidaos mucho -sobre todo los que, pudiendo entender, entienden- que sois –incluso los que no- el futuro.

__________________________________________________________
Domingo, 25 Febrero 2007 23:27
Cuento. ¿Cuentan?

Hay en castellano un verbo –de entre todos los que tenemos, [miles]- que llama poderosamente mi atención. Y es que la RAE atribuye nada menos que doce acepciones al verbo contar, de entre las que probablemente la menos utilizada sea la más literal, y la primera de la académica lista, a saber: numerar o computar las cosas considerándolas como unidades homogéneas.

Personalmente, prefiero la acepción cuarta: poner a alguien en el número, clase u opinión que le corresponde; como cuando decimos “Lanzarote se contaba entre los más leales a Arturo”. Me hace sonreír, después, la quinta: cumplir años, y me gustan la octava y la novena: importar, ser de consideración, y tener en cuenta a alguien , respectivamente.

Es un bravo verbo, de ésos que admiten preposiciones, como los torturadores –para la mayoría, al menos- phrasal verbs ingleses, que a tantos se les resisten. Se puede decir contar con, y contar para [aunque discrepo del uso que hace la Academia de este último en su ejemplo], y tiene, además, muchas acepciones coloquiales...

Perdón...

Supongo que a muchos les puede parecer algo abrumadora la lección de semántica de esta noche, pero claro, como siempre, todo tiene su razón. Y es que hoy, mientras preparaba unas fresas para confitarlas [la mitad] y echarlas en leche [la otra mitad], cuchillo en mano, me ha dado, como siempre que me encierro en mi cocina [y es casi a diario] por reflexionar.

Rápidamente me ha venido a la cabeza el verbito en cuestión, mientras pensaba en una nueva lección aprendida últimamente. Y es que me ha surgido un conflicto al no saber cómo formularla- No me decidía entre: “nunca sabe uno con quién cuenta” y “nunca sabe uno para quién cuenta”... Es curioso, pues, siendo éstas cosas materialmente distintas, están –creo- íntimamente relacionadas ambas [hasta el punto, incluso, de poderse equivocar con facilidad]

Así, sólo puede uno contar con aquéllos para los que uno cuenta o, dicho de otra manera: sólo puede uno contar con aquéllos que le tienen a uno en cuenta. Es, como casi siempre que se trata de algo importante, una noción algo antropófaga, supongo, pues si bien contar con alguien es, o al menos parece, una opción: algo que uno decide o no hacer, la segunda aseveración nos corrige, dejándonos claro que el poder o no contar con alguien no es independiente del volo de ese mismo alguien sino que, dolorosamente, depende de lo que uno signifique para el otro.

¿Confuso? Quizás... no estoy muy ducho hoy, aquí, con las teclas... Léanlo otra vez: les garantizo que tiene sentido gramatical. Y es importante.

¿Qué lección aprendí, conjuntamente con alguna otra, esta semana? Pues las dos que escribí más arriba: (i) que nunca sabe uno con quién cuenta; y (ii) que nunca sabe uno para quién cuenta, que, al igual que los Mandamientos, se resumen en uno solo: nunca sabe uno, realmente, cómo de solo está realmente... y supongo que está bien así, pues lo contrario sería, probablemente, muy doloroso, ¿no creen?

Opino que forma parte de eso que llamamos madurar, y del necesario devenir de las cosas, el darse cuenta de cómo de inmensa es esta verdad y, quizás más importante, conseguir saber, sin pillarse los dedos, para quién cuenta uno al final del camino...

Créanme... no es que yo no vaya a dormir tranquilo esta noche, no... sólo les hago partícipes de una reflexión. Yo, por mi parte, lo voy teniendo cada día más claro.

Cuídense mucho, mucho, que son el futuro.

______________________________________________________________
Lunes, 19 Febrero 2007 23:19
Bécquer y Ludwig

Los que me conocen saben que a mí, Bécquer, me parece un poeta facilón y algo baboso, en el que lo romántico se confunde con lo cursi y lo sencillo con lo simplón. Bécquer es el poetilla del adjetivo afectado que precede a un nombre a menudo descuidado, el rapsoda de la “leve gasa”, el “palpitante seno”, la “melancólica frente”... ¡agh!

Nada, nada... ¡a mí Neruda, que Bécquer y yo somos irreconciliables!

Aunque... bueno... Hay cuatro versos de Bécquer, nada más cuatro...

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡hoy creo en Dios!


Hoy quizás, hoy de nuevo, en quince años... hoy quizás me asome yo con gusto a los jardines... Que hoy, aún más que siempre... hoy creo en Dios también yo.

_____________________________________________________________
Domingo, 18 Febrero 2007 22:17

Atto Primo
Hola a todos.

In illo tempore, Ludwig [yo, para los menos avezados] tenía un blog. Tuve un blog. Era uno de esos blogs con una fuerte identidad y cierto empaque, con solera –tres años de confesiones, que ahí es nada, también reflexiones, tonterías, consejos y demás yerbas- Me encantaba mi blog... era un blog estupendo, de nombre sonoro, con bastantes lectores [algunos silenciosos, otros hasta molestos] y una personalidad muy marcada. Era, aunque quede algo cursi, un manantial de mí mismo... de hecho, ese apéndice que era mi pseudónimo, ese histriónico y hasta bastardo Ludwig, acabó formando una gran parte de mí; ¡hasta hacerme volver la cabeza!... Y es que Ludwig, ese animalito, soy yo, casi más que yo mismo, a través de mí mismo [es un poco esquizoide, lo sé...pero ya os aviso que habrá que acostumbrarse, porque yo, de Ludwig, no puedo prescindir...]

Llegó después un día –ni mejor ni peor que otros, no os creáis- en el que el pozo se me secó. No sé aún muy bien porqué, pero aquella Babilonia de mí mismo acabó por perder ese algo que lo justificaba... acabó por convertirse en una obligación sin cumplir, en una ventana indiscreta, en un jardín sin malvones... una especie de corsé demasiado apretado, casi cliché... Y me quedé mecum ipsum, y algo mudo –afónico, quizás, sea más acertado-, lejos de vosotros, también... lejos de Ludwig. Murió mi blog... se me secó el arbolito que llevaba en el nombre... él solo, pequeñito... pobre...

De esto hace meses. Y pasar página conllevó ciertos estertores, y hasta un epílogo.

Ahora, no sé... un poco como en el Pájaro de Fuego, hay un verdor que brota. Me apetece volver a esto tan singular que es la blogosfera... pero necesito un lienzo nuevo –y hasta un portal nuevo- para empezar [lo único que no cambia es el viejo y algo buffo apodo que me vale de traje de luces... y es que, como le decía hoy, más temprano, a una amiga: sin Ludwig, no es lo mismo] De lo demás: todo nuevo... nuevos lectores (espero), nuevo escritor –porque ya, sin mi arbolito, puedo ser más yo y menos ayer- y nuevo título [algo íntimo, ustedes perdonen, pero estoy sentado a luz de gas]

¿De qué va esto? Pues no sé muy bien... de las delectaciones y tribulaciones de alguien bastante singular [no es que sea raro este ignoto –para algunos- Ludwig, sino, más bien eso mismo: singular]; de las reflexiones –a veces excesivas y hasta cómicas- del poetastro [o del arlequín] que llevo dentro; de las divagaciones [¡Dios!... ¿cómo se dice, exactamente, farneticare, en castellano?] de las divagaciones, digo, de un cronista destartalado... no lo sé, en realidad... supongo que, sencillamente, va de Ludwig... de una vida moderna, atrapada en la urbanidad obligatoria, en la marcha forzada de alguien que adora el silencio, Rachmaninov y el pomelo.

Pasen y vean...

Se me ocurre, antes de irme, que hace algún tiempo –la tira, en realidad- hice un bonito ejercicio, cuando estaba aún mi arbolito en pie, de introspección [la idea fue de un kuwaití algo loco] Consiste en escribir, desde el silencio, y para todos vosotros, que no me conocéis, cien [100] cosas sobre mí –no creáis que es fácil- Así, podréis quizás, en este Atto Primo, haceros un croquis de con quién estáis tratando, ¿no? Después, espero, simple y llanamente, que sigáis viniendo –de eso se trata, ¿no?-

Ahí va: CIEN COSAS SOBRE MI

1. Soy vitalista hasta límites insospechados. Y un optimista sin remedio.
2. Aún no tengo treinta años –aunque más de uno me los echa, para mi cabreo-
3. Soy jurista –abogado, además, para más señas- Jurista loco, por si fuera poco: me parto de la risa leyendo el Digesto, o el Fuero Juzgo -supongo que, a muchos, esto os dice poco. Os garantizo, empero, que es importante-
4. Soy, aparentemente, muy extrovertido, pero soy tímido y reservado para las cosas importantes.
5. Fumo en pipa –pero no mucho-
6. Soy muy europeo –he vivido por todo el viejo mundo- Para más señas, al que le interese: en mi pasaporte pone España.
7. Me encanta Beethoven. Es muy normal verme como loco, dirigiendo una sinfonía con un lápiz en la mano en el salón de mi casa.
8. Leo mucho, pero menos de lo que me gustaría.
9. Me parto de la risa viendo a la hipopótama con tutú bailar la Danza de las Horas de Ponchielli, en la Fantasía de Disney.
10. Veo poco la tele y, aún así, la veo demasiado.
11. Me encanta cocinar –sobre todo la repostería- Se me da bien, a juzgar por las carrilladas y las sonrisas de satisfacción de mis comensales.
12. Vivo solo, y me encanta.
13. No obstante lo anterior, adoro llenar la casa de gente.
14. Considero que el gin tonic es, sin más, el culmen de la civilización.
15. Me gusta escribir, pero no me empeño lo suficiente como para hacerlo realmente bien.
16. Canto mucho. Dieciséis años de canto clásico me avalan. Pero no canto por eso: canto porque soy perpetuamente feliz.
17. Soy heterosexual y me encanta que me regalen flores. Reivindico mi derecho a la compatibilidad de ambas cosas. Es algo muy europeo, supongo.
18. Cuando muere Violetta, en la Traviata, no me da pena. Es imbécil y una ñoña de mierda.
19. Soy más Montesco que Capuleto
20. Admiro profundamente a Catulo, porque creo que describió el amor en toda su dimensión con sólo dos versos.
21. Cuando digo cosas raras, no lo hago por pedantería. Es que no me doy cuenta. En serio. De hecho, soy un animalito muy humilde y me tengo por bastante poco especial.
22. Si debiera elegir un lugar para vivir, elegiría París. Pero me faltaría tanto mi Madrid, que creo que no podría resistirlo toda una vida.
23. Me gusta escribir a máquina. A máquina es a máquina, no a ordenador.
24. Creo que todo el mundo debería haber escuchado el Carmina Burana y la novena de Beethoven antes de morir.
25. No soporto la mediocridad (entendida como ramplonería y falta de empaque, no como falta de capacidad)
26. Me encantan Dante, Schiller, Baudelaire, Lorca y Byron –por poner cinco ejemplos-
27. Vivo muy intensamente.
28. Amo muy intensamente.
29. Consecuencia de las dos anteriores, es que lloro mucho [y no siempre de pena]
30. No soy nada cursi. No soporto la cursilería –lo digo por aquéllos que saquen conclusiones precipitadas del número 29-
31. Me encanta el Otello de Verdi. Es la ópera más bonita jamás escrita. E Iago el malo más malo de todos los malos [me encanta, de puro malo]
32. Me encantan los personajes perversos: Dorian Grey, Fausto, Don Juan, Edmundo Dantés...
33. Soy el mayor gourmet del chocolate que habita la Tierra.
34. Julien Sorel era imbécil. Philip Pirrip, alias Pip, un pobre hombre, la mar de humano. Como contrapunto, Raskolnikov es enorme.
35. Nietzsche tenía razón. Y Kant, pero era muy plasta. Bobbio... sin palabras.
36. Soy de izquierdas. Y al que le moleste, que espabile, que esto es democracia.
37. Soy muy amigo de mis amigos. Hasta el extremo.
38. No tolero la mentira. Duele mil veces más que la verdad.
39. No soporto la ingratitud. Y no la perdono, porque no soy capaz de olvidarla.
40. Aunque odio el Bolero, creo que Ravel es grande, por la Pavana.
41. Odio hablar por teléfono. Creo que es un invento que vale para decirse cosas breves y urgentes, no para mantener conversaciones.
42. Soy un gran observador de cosas pequeñas y sencillas. Me encantan.
43. Hago yoga cada día. El yoga cambió mi vida. Desde el primer día.
44. Me encanta el té, aunque me pone frenético.
45. Me encanta la fotografía. Es mi gran hobby –y se me da muy bien, dicen-
46. Soy cabezota, pero supongo que se compensa, porque atiendo a razones.
47. Me gusta el jazz. Mucho. Y el nuevo folk americano también. El rock inglés, depende, ¿pa’ qué nos vamos a engañar?
48. En este orden: Beethoven, Chopin, Mozart, Rachmaninov, Mendelssohn, Tschaikovsky, Schubert, Dvorak, Smetana... y tiende a infinito.
49. Se supone que toco el piano. ¡Ja! Me da la risa...
50. ¿Mi pintor favorito? Degas.
51. ¿Mi libro favorito? Las Grandes Esperanzas, de Carlos Demonios, que es como llamo yo, cariñosamente, a Charles Dickens.
52. No soporto la homofobia. Es algo demasiado neanderthal como para que yo pueda comprenderlo o respetarlo.
53. Creo que “tolerancia” es un término muy mal empleado.
54. No tengo tabús [¿o taboos?]. Lo juro. Creo que hay que hacer y probar de todo en esta vida. Otra cosa es que surja la ocasión... tampoco voy por la vida en plan transgresor.
55. Mi color favorito es el azul, pero me gusta el rojo, si es un rojo bonito.
56. Pescado antes que carne... excepto si es pato [ya... ya sé que es raro]
57. Soy un gran bebedor de vino –en términos de calidad, no de cantidad- no soy un vulgar chuzo...
58. Mi plan ideal es una buena cena, una buena pipa, un gin tonic y una gran conversación [no excluyo el sexo, ¿eh?... pero no siempre se puede, ¿no?... quien diga que sí, miente]
59. Sé que soy atípico. Me importa un rábano. De hecho, un rábano me importa más... en según qué ensaladas, es bueno, un rábano.
60. No soporto a los intelectualoides, ésos que fuman maría y se las dan de profundos mientras hablan de libros que no han leído.
61. Me encantan los Beatles. Y los Rolling. You can’t always get what you wa-a-ant… hmmmm…
62. Creo que Lennon era un imbécil y un impresentable.
63. Soy marcadamente antiestadounidense... pero no por maniqueos políticos, sino por propia experiencia –o mejor dicho: por una constante sucesión de experiencias-
64. Tengo amigos estadounidenses, no obstante lo anterior. Lo cortés, ya sabéis...
65. Soy muy feliz, aunque no siempre esté contento.
66. No puedo vivir sin café.
67. Me encanta el granizado de limón.
68. Viajo mucho. Pero mucho, mucho. Aún así, no viajo todo lo que quisiera.
69. Me encanta el mar... de verdad: me encanta mucho, mucho...
70. Adoro el silencio.
71. Mis vecinos molestan más de lo estrictamente necesario. Esta circunstancia me crispa.
72. Creo firmemente en la Universidad y lamento que haya universitarios por los cuales la Universidad no ha pasado.
73. No hay más ganso que Ánsar [qui potest capere, capeat]
74. No: no me tengo por suspicaz, ni por un genio del humor. Pero soy feliz así, como soy.
75. Hay millones de cosas que hago mal. Y me encantaría poder hacerlas bien.
76. Me encantan los perros. Y mi perro es super simpático, el pobre, ¡y más mono!
77. Me encantan los niños... y tengo un ahijado que es, directamente, y sin discusión, el niño más guapo y más listo y más mejor del mundo mundial y de la galaxia entera.
78. Me encantaría hablar portugués. Me parece ininteligible, por mucho que digan que es fácil. Para mí es insondable.
79. Me encanta el humor absurdo. Me destripo de la risa.
80. Me encanta que me regalen libros. Es como si me regalasen un pedacito de alma –por Dios: no me regaléis libros que no hayáis leído... es algo trágico-
81. La comunidad germánica tiene más lógica que la comunidad romana... y al que le duela, que se ponga yerbas [perdón: cosas mías...]
82. La Regenta era una estrecha [que Dios y Clarín me perdonen] Vaya por delante que es uno de mis libros favoritos.
83. Me encanta Passolini, aunque acabó fatal.
84. Escribo con pluma estilográfica. Hasta el punto de que me sale una letruja horrible cuando escribo con bolígrafo de bola.
85. La tinta negra me parece sucia.
86. Ticio, Cayo y Sempronio me caen de muerte. Seguro que de cañas por ahí se lo pasaría uno bien con ellos.
87. No soporto a María Callas. Era una gritona de mucho cuidado –habría vendido verduras la mar de bien-
88. Soy incapaz de pronunciar palabras en otro idioma cuando hablo castellano. Si tengo que hablar de cereales, digo “cornfleiks”, a la española, como suena. Y los bolis son pilot, y no “pailot”. Si es que hay gente que tiene unas ideas... si la capital de Francia fuera Paguí y no París, seguro que vendrían los Jinetes del Apocalipsis a cortar cabezas.
89. En relación con lo anterior, el hijo de Harrison Ford se llama Harrison Five. No hay discusión.
90. Judas no era tan malo... al menos no según Kazantzhakis.
91. No soporto a Virginia Wolf. Y soy incapaz de leer el Ulises de Joyce... Quizás no esté hecha la miel para la boca del asno, pero... me quedo con el bocata de chistorra, en ese caso.
92. Pitágoras sería un genio, no digo que no, pero...
93. Los homomorfismos me amargan la vida. Nadie que haga homomorfismos puede ser feliz. Es imposible, hasta creyendo eso de que E=mc2.
94. Para mí, Deutsche Bank, es femenino. Lo siento.
95. Bratwurst con mostaza, cerveza y chucrut [ver 88: nada de choucroute] ¡ÑAM!
96. No me gustan los paréntesis... prefiero los corchetes. No sé: es una manía.
97. Soy un tío sencillo: de andar por casa. No soporto lo esnob. El otro día, un tío que comió conmigo, en un restaurante normalito, pidió al maître una carta de aguas. Casi poto. ¡Qué ridículo, por Dios!
98. Creo en Dios, pero no soy capaz de comulgar con la Iglesia de Roma. Además, Ratzinger es un impostor.
99. Creo que la razón de vivir es vivir en sí mismo. No hay ni mejor, ni más plausible explicación.
100. El que no llora se mutila y no vive todo lo que podría. Lo compadezco.


Y ya me despido, hasta pronto, espero.

Hay una cosa más... sólo una: Ludwig no sería él mismo si no dijese aquello de “cuidaos mucho, que sois el futuro”.